“Una campaña electoral es una guerra: una lucha a muerte política con un solo ganador”. Esta frase, escrita por Philip Gould (Baron Gould of Brookwood), estratega político británico y figura clave en la modernización del Partido Laborista (New Labour), quien trabajó estrechamente con el estadounidense James Carville en las campañas de Bill Clinton y Tony Blair, popularizó en su día la visión de que las campañas electorales modernas no son meros debates, sino batallas estratégicas diseñadas para aniquilar políticamente al oponente. Desde el principio de la campaña electoral para la presidencia del Futbol Club Barcelona, que se votará el próximo domingo, se dijo que sería la más sucia de la era moderna y del Barça en lo que llevamos de este siglo. A falta de una necesidad imperiosa por el cambio en la entidad —se está construyendo el nuevo estadio, hay un entrenador ganador y una joven plantilla llamada a grandes éxitos—, el aspirante al cargo ha optado por judicializar la campaña y manipular ídolos caídos como Xavi Hernández, uno de los iconos de la entidad a quien todos los barcelonistas hemos aplaudido, tanto en el terreno de juego como nos hemos desesperado por su pésima gestión del banquillo. Son unos años a los que no nos gustaría volver, ya que el equipo, sinceramente, no jugaba a nada.

Laporta ha abordado así este lunes el primer debate de la campaña con un desahuciado Víctor Font tratando de ser reanimado con la respiración asistida de Xavi, desempolvando la marcha de Messi y culpando a Laporta del no retorno del astro argentino. Xavi ha llegado a afirmar que la operación contaba con la validación de LaLiga mientras el club negociaba las condiciones del contrato con Jorge Messi, padre y representante del jugador, y que si no había cuajado era porque Laporta había dado marcha atrás cuando el acuerdo estaba muy avanzado. Poco ha durado la verdad del exentrenador blaugrana, ya que el presidente de LaLiga, Javier Tebas, ha estado taxativo asegurando que no era verdad y que LaLiga no había autorizado absolutamente nada ni tenía el visto bueno. No ha sido el único que ha desmentido a Xavi —el empresario Jaume Roures, expresidente de Mediapro y persona conocedora, porque producía los partidos para LaLiga—, pero sí el cargo de más autoridad, ya que Tebas, como presidente de LaLiga, era el que tenía que validar el supuesto contrato que nunca existió.

Cuando la deslealtad se une con el resentimiento, la verdad acaba quedando siempre en un segundo plano

Estas últimas horas ha circulado una entrevista de Xavi Hernández, que ha firmado por la candidatura de Font, del pasado 7 de marzo de 2024, en que el egarense dice lo siguiente: “Para mí, es el mejor presidente [Laporta] de la historia del club. Está muy capacitado y si alguien puede sacar al club de esta situación, es él”. ¿Cómo se pasa de este elogio a declarar dos años después que no manda en el club y a torpedear su candidatura a la reelección? La clave está, sin duda, en su cese como entrenador del club el 24 de mayo de 2024, y tampoco debe ayudar que ningún gran club haya tratado de hacerse con sus servicios de manera seria y formal. Nada aborrezco más que la ingratitud, decía George Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, a finales del siglo XVIII. Y es que, cuando la deslealtad se une con el resentimiento, la verdad acaba quedando siempre en un segundo plano. En pocas horas nadie recordará el misil fallido de Xavi, ya que solo era un peón de alguien más importante en la encerrona del primer debate.

Esperemos que el primer damnificado de esta campaña tan sucia no sea el propio Barcelona, que este martes juega un importante partido en St. James's Park, el estadio del Newcastle United, en la ida de los octavos de final de la Champions. El siempre implacable y sincero entrenador del Barça, Hansi Flick, en las horas previas a este match, se preguntaba en la conferencia de prensa del día previo al partido el porqué de una entrevista así en lo que considera una de las semanas más importantes de la temporada. Más allá de que el entrenador germano poco más puede hacer para exhibir su apoyo a Laporta y dejar clara su satisfacción trabajando con Deco y Bojan, con los que comparte el mismo criterio a la hora de hacer crecer al equipo. Quizás, incluso, recuerde aquellas palabras de su paisano Otto von Bismarck, que decía que una campaña electoral es una guerra y que nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería. Por suerte, solo faltan cinco días para las elecciones.