Por motivos que no vienen al caso, este verano me he visto obligado a cambiar las ruedas del coche precipitadamente. Como estaba instalado en el valle de la Vansa y no contemplaba la opción de ir a Andorra, me he acercado hasta Solsona, donde me han dado cita a primera hora de la mañana.
Para aprovechar el viaje, pregunto al amigo Diego Alias de Ca l'Amador donde puedo comer bien por los alrededores de la ciudad, tierra de patatas, setas y trufas y con gran tradición cuchillera. Entre los restaurantes que me recomienda me decido por el restaurante El Solsonès, que también me propone Jonathan de Esmorzars de Forquilla y que se ubica dentro del camping del mismo nombre, en las afueras de Solsona.

Pues bien, una vez solucionado el tema de las malditas ruedas, hago un poco de tiempo hasta la hora de comer y me adentro al centro histórico por el Portal del Pont, antigua entrada de la ciudad, que, por cierto, vale mucho la pena. Después del paseo y de tomar algo para matar el gusanillo, me acerco al restaurante El Solsonès, donde tengo mesa reservada.

Para situarnos, al frente del restaurante encontramos a Jordi Guixé Corominas, que se diplomó de joven en la Escola Superior d’Hostaleria i Turisme Sant Ignasi y que completó su formación culinaria con un máster de cocina y enología en Estrasburgo. Jordi dirige el negocio familiar desde 2001, pero quienes lo abrieron fueron sus padres, Joan y Teresa, cuando se establecieron en Solsona huyendo de la actividad frenética de Barcelona.
En el restaurante El Solsonès trabajan siempre con producto de temporada, por eso están bien presentes buena parte del año las setas, las trufas, los guisantes negros y las patatas autóctonas, que son de una calidad inmejorable.
Para rematarlo, Jordi lleva unos años trabajando el viñedo y con su uva produce un buen vino, llamado Vi de Pou, que sirve en el restaurante, y que es el escogido para acompañar la comida. Por todo ello, a Jordi Guixé le gusta hablar de ecocamping gastronómico.

Vamos por la comida. A la hora de elegir la comida, nos aconseja Mito, el diligente jefe de sala. En primer lugar, nos trae un foie hecho en casa, que es una maravilla, después, Jordi me confiesa que está elaborado de la misma manera que aprendió en Francia hace casi treinta años.
Continuamos con unos chipirones a la plancha con parmentier y huevo, servidos en unos botes de vidrio; por otra parte, estando en la montaña, no podían faltar unos buenos caracoles a la llauna, que están para chuparse los dedos, lo que hago literalmente.

Uno de los platos que Mito nos insistió que pidiéramos fue el arroz; nos cuenta que tienen clientes que vienen de la costa hasta aquí a comer sus arroces, y ciertamente me lo creo, porque hacía tiempo que no comía un arroz negro tan bien cocinado, sabroso y con el grano en su punto.

Después llega el turno de la carne, primero probamos el vacío de ternera a la brasa con un timbal de patata gratinado. Esta carne, también conocida por su nombre en francés, bavette, es una de las piezas de la ternera más desconocida y, al mismo tiempo, una de las más valiosas desde el punto de vista gastronómico. Después, para aprovechar que estamos en temporada de caza, nos comemos media perdiz a la catalana.

Por último, Mito nos trae un helado sin decirnos de qué es. Una vez metida la cuchara en la boca, no cabe duda, es un aromático helado de tomillo, que, además de ser magnífico, nos ayuda a desengrasar el almuerzo antes de atacar un milhojas de crema y fresas y un xuixo relleno de crema.

Después, nos despedimos hasta la próxima y subimos la carretera con las ruedas nuevas hacia Coll de Jou, Port del Compte, Coll de Port e ir tirando.