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Hacer una ensalada parece una de las cosas más sencillas de la cocina. Cortar tomate, lechuga, cebolla, pepino o cualquier verdura fresca, ponerlo todo en un bol y aliñarlo con sal, aceite y vinagre. Pero incluso en una receta tan simple hay pequeños gestos que cambian mucho el resultado. Uno de los más importantes es el orden en que se aliña. Si pones primero el aceite y después la sal, es muy probable que la ensalada tenga menos sabor del que podría tener. La razón es sencilla, ya que el aceite crea una película sobre los ingredientes y dificulta que la sal entre en contacto directo con la verdura.

El orden que se sigue es fundamental para conseguir un buen resultado

La sal necesita tocar el alimento antes que el aceite

La sal no solo sirve para dar un punto salado. También ayuda a despertar el sabor de los ingredientes, especialmente en alimentos como el tomate, el pepino o la cebolla. Cuando cae directamente sobre la superficie, empieza a sacar un poco de agua y concentra el sabor. Es un efecto pequeño, pero se nota mucho en una ensalada sencilla.

El problema es que, si antes has puesto aceite, la verdura queda recubierta por una capa grasosa. Entonces la sal resbala, se reparte peor y no actúa de la misma manera. Puede acabar quedando en el fondo del plato o pegada en algunos puntos, mientras otras partes de la ensalada quedan casi sin aliñar.

Una ensalada. Foto: Pexels

Por eso muchos cocineros recomiendan salar primero, mezclar ligeramente y dejar unos segundos para que la sal haga su trabajo. Después ya se puede añadir el vinagre, el zumo de limón o cualquier otro elemento ácido. Finalmente, llega el aceite, que sirve para acabar de redondear el conjunto y dar brillo. Este orden es especialmente importante cuando la ensalada lleva tomate. Un tomate bueno, cortado y salado unos minutos antes de añadir el aceite, suelta un jugo muy sabroso que se mezcla con el aliño y hace que el plato tenga mucho más carácter.

El aceite debe cerrar el aliño, no empezarlo

El aceite de oliva es fundamental en una buena ensalada, pero conviene entender qué papel tiene. No debería ser el primer ingrediente que toca la verdura, sino el último. Si se pone al final, envuelve los sabores que ya se han despertado con la sal y la acidez.

Esto no quiere decir poner mucho aceite. De hecho, una ensalada puede resultar pesada si hay demasiada cantidad. La clave es utilizar la justa, mejor si es aceite de oliva virgen extra, y mezclar con cuidado para que llegue a todos los ingredientes sin ahogarlos. También ayuda aliñar justo antes de servir, sobre todo si hay hojas verdes. La lechuga, los canónigos o la rúcula pueden perder textura si pasan demasiado tiempo con sal y vinagre. En cambio, el tomate, la cebolla o el pepino pueden agradecer unos minutos de reposo.

Así pues, si quieres que una ensalada tenga más sabor, no hace falta complicarla con salsas ni ingredientes extraños. Quizás solo tienes que cambiar el orden: primero sal, después acidez y finalmente aceite. Un gesto pequeño, pero suficiente para que una ensalada normal parezca mucho mejor hecha.