La bechamel es una de esas salsas que parecen fáciles hasta que aparecen los grumos. Mucha gente piensa que la clave es añadir la leche poco a poco, pero esto no siempre es suficiente. Si la harina y la mantequilla no se han trabajado bien, o si la temperatura no es la adecuada, la salsa puede quedar llena de pequeñas bolas aunque se le vierta la leche. El error real acostumbra a venir desde antes, en no cocer correctamente el roux, la base que da cuerpo a la bechamel.
Un problema con el roux, es lo que hace que la bechamel salga mal
El roux no se puede hacer con prisas
El roux es la mezcla de mantequilla y harina que sirve para espesar la salsa. Primero se funde la mantequilla y después se le añade la harina, pero no basta con remover cuatro segundos. La harina necesita cocerse un poco para que pierda el sabor crudo y se integre bien con la grasa. Si este paso se hace demasiado rápido, quedan partículas de harina mal hidratadas que después, en contacto con la leche, forman grumos.

La textura del roux debe ser uniforme, como una pasta suave y sin zonas secas. Si hay harina pegada a los laterales de la cazuela o pequeñas acumulaciones en el fondo, la bechamel ya empieza mal. Por eso conviene remover con unas varillas o una cuchara de madera, a fuego medio-bajo, hasta que la mezcla huela ligeramente tostada, pero sin coger color oscuro.
Otro problema habitual es añadir la leche fría sobre un roux demasiado caliente. El contraste puede hacer que la harina se pegue de golpe y forme grumos. No es imprescindible hervir la leche antes, pero sí que ayuda que esté tibia o caliente. Así se incorpora mejor y la salsa empieza a ligarse de manera más regular.
Cómo evitar los grumos desagradables
La primera parte de la leche es la más importante. En lugar de añadir mucha cantidad de golpe, conviene poner solo un chorro y remover con energía hasta que el roux lo absorba completamente. Al principio la mezcla parecerá demasiado espesa, pero es normal. Cuando esta primera incorporación queda lisa, ya se puede ir añadiendo el resto de la leche en tandas.
Las varillas son la mejor herramienta para conseguir una bechamel fina. Ayudan a romper cualquier pequeña acumulación y reparten mejor el líquido. También es importante mantener un fuego moderado. Si el fuego es demasiado fuerte, la salsa espesa rápido por zonas y cuesta más controlarla. Si es demasiado bajo, puede tardar mucho y acabar con una textura pesada.
La sal, la pimienta y la nuez moscada se pueden añadir cuando la salsa ya está ligada. Así se controla mejor el gusto y no se interrumpe el proceso de emulsión. Si aun así aparece algún grumo, todavía hay solución: pasar la bechamel por un colador fino o triturarla con la batidora. Pero el mejor truco sigue siendo hacer bien la base. Una bechamel sin grumos no depende solo de echar la leche poco a poco, sino de cocer la harina, controlar la temperatura y remover bien desde el principio.