La alimentación en España a partir del año 2100 experimentará una transformación profunda impulsada por la sostenibilidad, la tecnología y la salud personalizada. En el siglo XXII, la tradicional dieta mediterránea no desaparecerá, pero convivirá con innovaciones que hoy parecen ciencia ficción. La prioridad será clara: reducir el impacto ambiental, optimizar los recursos y adaptar cada alimento a las necesidades individuales. Comer ya no será solo nutrirse, sino gestionar datos, salud y planeta al mismo tiempo.
Así será la comida en España en el siglo XXII
Uno de los cambios más llamativos será la generalización de la carne cultivada en laboratorio. Este tipo de proteína, desarrollada a partir de células animales sin necesidad de sacrificar ganado, será común, accesible y eficiente. No sustituirá por completo a la ganadería tradicional, pero sí reducirá de forma notable su peso en la dieta. El consumo de carne animal disminuirá progresivamente en favor de alternativas sintéticas o vegetales, en parte por razones ambientales y en parte por criterios de salud pública.
Junto a la carne cultivada, se popularizarán nuevas fuentes de proteína. Los insectos dejarán de ser una rareza para convertirse en ingrediente habitual en harinas, snacks o preparados proteicos. Las algas, como la laver o la wakame, se cultivarán de forma intensiva y sostenible, aportando minerales y aminoácidos esenciales. También ganarán protagonismo las proteínas vegetales alternativas: legumbres como el frijol azuki, la vigna o la soja serán pilares de la nueva despensa. La proteína del futuro será diversa, eficiente y mucho menos dependiente de la ganadería intensiva.
La producción agrícola también cambiará radicalmente. Las ciudades contarán con granjas verticales y cultivos hidropónicos capaces de producir frutas y verduras durante todo el año con un consumo mínimo de agua. La agricultura molecular permitirá optimizar nutrientes y resistencia a plagas sin recurrir a químicos agresivos. Además, la inteligencia artificial y la robótica automatizarán los procesos agrícolas, ajustando riegos, nutrientes y cosechas con precisión milimétrica. El objetivo será maximizar la eficiencia y regenerar los suelos mediante prácticas agrícolas sostenibles y locales.
Las ciudades contarán con granjas verticales y cultivos hidropónicos capaces de producir frutas y verduras
En paralelo, se impondrá la llamada nutrición de precisión. Gracias al análisis genético y biométrico, cada persona podrá acceder a alimentos diseñados “a la carta” según su metabolismo, edad o predisposición a determinadas enfermedades. Los productos estarán enriquecidos con componentes específicos para corregir déficits o mejorar la longevidad. La alimentación dejará de ser generalista para convertirse en una herramienta personalizada de prevención y bienestar.
El estilo de vida urbano también influirá. Aumentará la demanda de platos preparados sostenibles, rápidos y equilibrados, diseñados para ajustarse al perfil nutricional de cada consumidor. Los envases comestibles o fabricados con materiales orgánicos sustituirán al plástico convencional, integrándose de nuevo en el ciclo natural.
