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Hay recetas que triunfan porque parecen imposibles hasta que las pruebas en casa. El pan de nube de chocolate es una de estas preparaciones, ya que no lleva harina, se hace con muy pocos ingredientes y tiene una textura tan ligera que casi parece un pastel de aire. Además, es una opción alta en proteína gracias a las claras de huevo, muy fácil de preparar y perfecta para aquellos momentos en que apetece algo dulce sin complicarse demasiado. El resultado es una nube esponjosa, con trocitos de chocolate dentro y un punto adictivo que hace que cueste comer solo una porción.

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El secreto es montar bien las claras

La base de esta receta son las claras de huevo. Hay que separarlas bien de las yemas, porque cualquier resto de grasa puede impedir que monten correctamente. Una vez las tenemos en un bol limpio y seco, las batimos hasta que empiecen a coger cuerpo. Entonces añadimos el azúcar poco a poco, sin dejar de batir, para que la mezcla quede firme, brillante y estable.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Después incorporamos un poco de almidón de maíz, que ayuda a dar estructura y evita que el pan de nube se hunda demasiado al salir de la freidora de aire. No hace falta poner mucho: solo la cantidad justa para que la masa aguante la forma. El punto ideal es aquel en que levantas las varillas y las claras forman picos firmes.

A partir de aquí entra el chocolate. Lo podemos picar a cuchillo, mejor en trocitos pequeños, para que se reparta bien sin pesar demasiado. Es importante añadirlo con movimientos envolventes, con una espátula y mucha suavidad. Si removemos con fuerza, perderemos el aire que hemos incorporado y el pan quedará más bajo y menos esponjoso.

Freidora de aire y quince minutos

Cuando la masa ya está lista, solo hay que darle forma. Se puede hacer una nube grande o varias porciones pequeñas, siempre sobre papel de horno para que no se pegue. La forma debe ser redondeada y un poco alta, ya que durante la cocción puede bajar ligeramente. El paso final es llevarlo a la freidora de aire: unos 15 minutos a 180 grados son suficientes para que quede dorado por fuera y tierno por dentro. Cada aparato puede variar un poco, así que conviene mirarlo hacia el final de la cocción. La superficie debe quedar ligeramente firme, pero el interior debe mantener esa textura suave y casi cremosa.

Lo mejor es dejarlo reposar unos minutos antes de comerlo. En caliente es muy delicado y se puede romper fácilmente, pero cuando pierde un poco de temperatura gana consistencia. El contraste entre la esponjosidad de las claras y el chocolate fundido es lo que hace que esta receta enganche tanto. Este pan de nube de chocolate es ideal para desayunar, merendar o improvisar un postre rápido. No necesita harina, no ensucia mucho y se prepara con ingredientes muy básicos. Una receta sencilla, alta en proteína y con ese punto dulce que convierte una idea fácil en un pequeño vicio casero.