Cada vez más personas buscan alternativas saludables a platos clásicos sin renunciar al sabor, y la pizza es uno de los mayores desafíos dentro de una alimentación equilibrada. En este contexto, la nutricionista integrativa Sandra Moñino, creadora del perfil @nutricionat_, ha compartido una versión de pizza proteica que se ha vuelto especialmente popular por su sencillez, su perfil nutricional y su facilidad de preparación. Se trata de una receta pensada para quienes quieren cuidarse sin pasar horas en la cocina ni recurrir a productos ultraprocesados.
Una base rica en proteínas y sin harinas refinadas
Esta propuesta rompe con la idea de que comer saludable implica eliminar platos tradicionales. La clave está en reformular los ingredientes, especialmente la base, que suele ser el elemento más problemático desde el punto de vista nutricional en una pizza convencional.
El gran diferencial de esta pizza está en su base, elaborada con queso cottage, huevos y harina de almendra, una combinación que aporta una cantidad elevada de proteínas y grasas de buena calidad, reduciendo notablemente el impacto sobre la glucosa en sangre. El queso cottage destaca por ser uno de los quesos más proteicos, ideal para aumentar la saciedad y ayudar al mantenimiento de la masa muscular. Los huevos, preferiblemente de gallinas criadas en libertad, aportan proteínas completas, vitaminas y minerales esenciales, mientras que la harina de almendra sustituye a la harina tradicional sin necesidad de cereales refinados.
Al batir estos ingredientes se obtiene una masa ligera que, tras hornearse durante unos minutos a temperatura alta, se convierte en una base firme, digestiva y lista para personalizar. Este paso previo es fundamental para lograr una textura adecuada y evitar que la pizza quede blanda o excesivamente húmeda.
Una cena equilibrada, saciante y fácil de adaptar
Una vez horneada la base, se pueden añadir ingredientes al gusto, priorizando opciones reales y nutritivas como tomate natural, verduras salteadas o crudas, jamón serrano y queso para gratinar, junto con especias como el orégano que potencian el sabor sin añadir calorías innecesarias. Con apenas unos minutos más de horno, el resultado es una pizza completa, sabrosa y muy saciante, perfecta para una cena ligera pero suficiente.
Este tipo de receta es especialmente interesante para quienes buscan controlar el apetito nocturno, evitar digestiones pesadas y mantener una alimentación coherente incluso al final del día. Al ser rica en proteínas y baja en harinas refinadas, ayuda a estabilizar la glucosa y evita los clásicos antojos posteriores.
Comer pizza también puede ser parte de una dieta saludable. La propuesta de Sandra Moñino demuestra que no es necesario eliminar alimentos, sino aprender a elegir mejor los ingredientes y las combinaciones. Transformar una pizza tradicional en una versión proteica y nutritiva es un ejemplo claro de cómo pequeños cambios pueden tener un gran impacto en la salud, la energía diaria y la relación con la comida.
