El llamado pato mudo del Penedès es uno de esos productos que cuentan una historia que va mucho más allá del plato. Criado desde el siglo XVI alrededor de Vilafranca, esta ave ha pasado de ser un alimento tradicional de las masías a convertirse en un producto muy apreciado por cocineros y amantes de la gastronomía. Lo que lo hace especial no es solo su origen, sino su carne más magra, su textura firme y ese sabor profundo y elegante que lo diferencia de otros patos más grasos y menos sutiles. En los últimos años, su crianza ha recuperado impulso y hoy vuelve a ocupar un lugar destacado en los mercados y restaurantes de la comarca.
El pato mudo del Penedés que triunfa por tener menos grasa y más sabor
Este pato se cría principalmente en corral, en un entorno controlado que permite respetar su ritmo natural. Para lograr una carne de calidad, su alimentación es clave: el animal debe consumir al menos un 70% de cereales, algo que ayuda a que la carne sea más consistente y tenga una fibra más firme. Tras una primera fase con pienso, se completa su dieta con trigo, maíz y restos de comida de la propia granja, lo que aporta matices más complejos al sabor final. El sacrificio llega alrededor de las veinte semanas: la hembra suele rondar los dos kilos, mientras que el macho puede alcanzar los cuatro, ofreciendo piezas generosas y muy aprovechables.

Una de las razones por las que el pato mudo triunfa es su equilibrio entre menos grasa y más sabor. Su piel es especialmente fina y, cuando se retira, la carne se convierte prácticamente en una carne magra comparable al pollo, ideal para quienes buscan comer ligero sin renunciar al placer. Si se consume con piel, aporta mayor energía debido a la grasa acumulada bajo ella, pero sigue siendo un alimento interesante cuando se toma de manera ocasional y dentro de una dieta equilibrada.
Además, su perfil nutricional es notable. Esta carne aporta hierro de fácil absorción, lo que la hace especialmente adecuada para personas con necesidades extra de este mineral. También contiene fósforo, zinc y vitamina B1, todos ellos nutrientes que ayudan al buen funcionamiento del organismo y contribuyen a una alimentación variada. No es casualidad que muchos restauradores lo consideren un producto versátil, capaz de lucirse en recetas tradicionales y en propuestas más modernas.

Esta carne aporta hierro de fácil absorción, además de fósforo, zinc y vitamina B1
Encontrarlo no es difícil: suele venderse en las pollerías de la comarca y tiene un papel destacado en la Fira del Gall de Vilafranca del Penedès, donde cada año vuelve a reafirmar su prestigio. En suma, el pato mudo del Penedès demuestra que cuando se combinan tradición, buena crianza y respeto por el producto, el resultado es una carne más ligera, más sabrosa y con mucha historia detrás.