Alí Larijani, el jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán al que Israel ha declarado haber “eliminado” en un ataque este martes, se había convertido en los últimos meses en una de las personas más influyentes del país. En su posición de asesor muy cercano a Alí Jamenei, entonces líder supremo de Irán, Larijani se encargó de liderar la represión contra las protestas civiles del pasado mes de enero, que habrían terminado con miles, o decenas de miles, de muertos, según diversas organizaciones. El estallido del conflicto entre Irán e Israel y los Estados Unidos reforzó aún más su posición y, a raíz de la muerte del líder supremo en un ataque israelí el mismo 28 de febrero, se convirtió en el líder de facto de Irán, pasando por encima del más moderado primer ministro, Masoud Pezeshkian. Larijani fue considerado durante décadas un pragmático y alguien con quien se podía negociar desde Occidente. De hecho, fue uno de los artífices del acuerdo nuclear al que Irán llegó con los Estados Unidos y las principales potencias occidentales en el año 2015, pero que el presidente estadounidense Donald Trump canceló durante su primer mandato. Durante las semanas previas al ataque conjunto israelo-estadounidense contra Irán el 28 de febrero, Larijani había estado directamente involucrado en las negociaciones con el gobierno de Donald Trump para un nuevo acuerdo nuclear.
Larijani proviene de una importante familia clerical de la República Islámica. Su padre, Mirza Hashem Amoli, fue un prominente estudioso religioso y ayatolá y, al igual que Larijani, sus hermanos han ocupado algunas de las posiciones más relevantes en Irán, incluido en el sistema judicial o en la Asamblea de Expertos, el cuerpo clerical que elige y controla al líder supremo. A pesar de la dedicación religiosa de su familia, Larijani tiene una considerable formación académica. En el año 1979 se graduó en Matemáticas e Informática en la Universidad Tecnológica Sharif, y más tarde consiguió un máster y un doctorado en Filosofía en la Universidad de Teherán, donde escribió su tesis sobre el filósofo alemán Immanuel Kant. Han sido, sin embargo, sus posiciones políticas las que le han permitido mantenerse como una persona influyente en el régimen de la República Islámica.
Una larga carrera política
Después de la revolución islámica de 1979, Alí Larijani se une al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica durante los años 80. Posteriormente, ya en la década de los 90, Larijani da el salto a la política y ocupa la posición de ministro de Cultura y, más adelante, de director de la cadena de televisión pública IRIB desde 1994 hasta el año 2004. El año 2005, Larijani se presentó a las elecciones presidenciales para dirigir el país, pero su resultado no le permitió pasar a la segunda vuelta. Aquel mismo año, fue nombrado el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y el principal negociador nuclear del país. Durante aquel tiempo se convirtió en la referencia para las naciones occidentales para negociar con Irán y era visto como un moderado dentro del régimen. Según los analistas, si bien Larijani era visto como un pragmático más que como un ideólogo intransigente, está comprometido con la supervivencia de la República Islámica como el sistema de gobierno de Irán. En 2007, el conflicto con el entonces presidente, Mahmoud Ahmadinejad, a quien criticaba más por sus formas que no por la dureza de sus políticas, provocó su dimisión de todos los cargos.
Pero no abandonó la política. El año 2008 ganó las elecciones para representar el distrito de Qom en el parlamento iraní, y fue presidente de la legislatura desde aquel año hasta el año 2020, donde tuvo un papel muy importante en el impulso de diversas reformas políticas y económicas. Fue durante aquellos años cuando también consiguió la aprobación parlamentaria del acuerdo nuclear con los Estados Unidos y las otras potencias occidentales el año 2015. Acuerdo que fue rechazado por Trump durante su primer mandato (2016-2020). De hecho, sus conexiones en los Estados Unidos habrían provocado que el consejo de los ayatolás no le dejara presentarse a las elecciones presidenciales de los años 2021 y 2024, cuando dice que se favoreció la victoria de un radical y de un moderado, respectivamente. Su capacidad política y su influencia, sin embargo, le sirvieron para que durante el verano de 2025 volviera a ser nombrado jefe del Consejo de Seguridad Nacional. Desde que ocupó el puesto, sus posiciones se habrían endurecido y durante el mes de octubre canceló la cooperación de Irán con la Agencia Internacional de la Energía Atómica, declarando que los informes de la agencia “ya no eran efectivos”.

El líder de facto
Este mes de enero, Larijani fue el principal encargado de la violenta represión con la que el gobierno de Teherán respondió a las multitudinarias manifestaciones que sacudieron el país durante semanas. Su intento de contener la furia popular con violencia, torturas y ejecuciones habría provocado la muerte de como mínimo 3.000 personas, aunque algunas organizaciones estiman que la cifra podría ser diez veces superior. Según indican algunas investigaciones, las órdenes las daba el ayatolá, entonces Alí Jamenei, y las ejecutaba el Consejo de Seguridad de un Larijani muy alejado del que condenaba la violencia policial contra las manifestaciones pacíficas. Desde el 28 de febrero, con la muerte de Jamenei y otros miembros de la plana mayor de la República Islámica, Larijani se convirtió en el líder de facto de Irán y se opuso a la elección de Mojtaba Jamenei como líder supremo del país y presionó para que se eligiera a alguien más moderado. Según indica The Guardian, intentó retrasar la reunión de los líderes clericales para buscar alternativas al hijo del ayatolá asesinado por Israel. A pesar de ser declarado un objetivo por parte de Israel, Larijani se mostró en público el pasado viernes cuando se unió a las manifestaciones por el Día de Jerusalén, que se celebra en Irán para pedir la libertad de Palestina.