Nunca hagas esto con el pollo antes de cocinarlo: "Es el error más grande que puedes cometer"

Hay un gesto muy habitual en la cocina que muchas personas continúan haciendo pensando que es una medida de higiene, pero en realidad puede aumentar el riesgo de contaminación: lavar el pollo crudo bajo el grifo antes de cocinarlo. Hacerlo no elimina las bacterias de la carne y, en cambio, puede esparcirlas por el fregadero, el grifo, los utensilios, el mármol u otros alimentos que haya cerca. Por eso, el pollo crudo no se debe lavar con agua antes de pasarlo por la sartén, el horno o cualquier otro método de cocción. La manera segura de eliminar los microorganismos potencialmente peligrosos es cocinarlo correctamente hasta que llegue a una temperatura interna adecuada.

El pollo se debe cocinar con mucho cuidado para que no sea perjudicial

Lavar el pollo no lo hace más seguro

El principal problema es que el chorro de agua puede provocar pequeñas salpicaduras que no siempre vemos. Estas gotas pueden transportar bacterias presentes en la superficie del pollo y dejarlas en zonas de la cocina que luego tocaremos con las manos o con otros ingredientes. Una contaminación que puede pasar desapercibida y acabar llegando a alimentos que se comen crudos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Esto es especialmente delicado con bacterias como Campylobacter o Salmonella, que pueden estar presentes en la carne cruda. Pasar el pollo por debajo del agua no las elimina de manera efectiva. Tampoco sirve añadirle vinagre, limón o sal con la idea de desinfectarlo, porque estos métodos no sustituyen una cocción segura.

Si el pollo tiene un poco de líquido superficial procedente del envase, se puede retirar con papel de cocina desechable, siempre con cuidado y lavándose bien las manos después. También es importante tirar inmediatamente este papel y evitar que toque otras superficies. Lo más importante es reducir al máximo la manipulación del producto crudo.

La cocción es lo que realmente elimina las bacterias

Una vez preparado, el pollo se debe cocinar completamente. La referencia habitual de seguridad es que el centro de la pieza llegue aproximadamente a los 74 grados. Un termómetro de cocina es la manera más fiable de comprobarlo, sobre todo cuando cocinamos pechugas gruesas, muslos o un pollo entero.

También conviene evitar la contaminación cruzada. La tabla o el cuchillo utilizados para manipular pollo crudo no se deben usar inmediatamente para cortar ensalada, pan, fruta u otros alimentos que no pasarán por el fuego. Hay que lavarlos bien con agua caliente y detergente antes de reutilizarlos. Las manos son igualmente importantes. Después de tocar pollo crudo, se deben lavar con agua y jabón antes de coger cualquier otro ingrediente, abrir cajones, tocar el móvil o manipular utensilios limpios. También conviene limpiar bien cualquier superficie donde hayan podido caer jugos de la carne.

Por lo tanto, si siempre has lavado el pollo antes de cocinarlo, este es un hábito que conviene abandonar. El agua no elimina las bacterias de forma segura y puede ayudar a repartirlas por la cocina. La mejor protección es mucho más sencilla: manipularlo poco, evitar salpicaduras, lavarse bien las manos, separar los utensilios y asegurar una cocción completa. El pollo no necesita una ducha antes de llegar a la sartén.