El chocolate no sirve únicamente para preparar postres. En la cocina catalana tradicional también aparece en platos salados, especialmente dentro de picadas destinadas a dar profundidad, color y una textura más untuosa a los guisos. Este pollo con chocolate es una receta antigua, sencilla y muy familiar, de esas que a menudo se transmiten sin medidas exactas y con una forma de hacer que parece extraña hasta que se prueba. El chocolate negro no convierte el plato en dulce ni domina el conjunto: se integra con las almendras, el ajo, el perejil, el sofrito y el caldo para crear una salsa intensa, ligeramente amarga y sorprendentemente equilibrada.
Una receta antigua que se convierte en algo realmente especial
Una picada diferente que transforma completamente el guiso
Para preparar la receta necesitamos un pollo cortado en trozos, una cebolla grande, un tomate, dos zanahorias, tres patatas, un diente de ajo, un ramito de perejil fresco, entre diez y doce almendras tostadas y dos o tres onzas de chocolate negro. También hace falta aceite de oliva, sal, pimienta negra, un buen chorro de coñac y suficiente caldo de pollo o agua para cubrir parcialmente el guiso.
Comenzamos poniendo una cazuela ancha al fuego con un chorro generoso de aceite. Salpimentamos los trozos de pollo y los doramos bien por todas partes. Este paso es importante para que la carne desarrolle sabor y deje en la cazuela los jugos que luego enriquecerán la salsa. Cuando el pollo esté bien dorado, añadimos un buen chorro de coñac y dejamos que el alcohol se evapore durante unos instantes.
Retiramos el pollo y lo reservamos. En el mismo aceite, ponemos la cebolla picada y la dejamos cocer lentamente hasta que esté transparente y ligeramente caramelizada. Incorporamos el tomate rallado o picado y continuamos la cocción hasta obtener un sofrito concentrado, sin exceso de agua. Mientras tanto, preparamos la picada triturando las almendras tostadas, el ajo, el perejil y las onzas de chocolate negro. El orden tradicional de esta receta resulta curioso porque la picada se incorpora directamente al sofrito antes de volver a poner el pollo. Hay que removerla durante un minuto para que el chocolate se funda y todos los ingredientes queden bien integrados.
Patata, zanahoria y una salsa para mojar pan
Volvemos a poner el pollo dentro de la cazuela y añadimos las zanahorias cortadas en rodajas. Lo cubrimos con caldo o agua, tapamos la cazuela y dejamos que cueza a fuego lento durante unos quince minutos. La salsa empezará a espesarse gracias a las almendras y adquirirá el color oscuro característico del chocolate.
Pasado este tiempo, incorporamos las patatas peladas y cortadas en trozos irregulares. Es mejor rasgarlas ligeramente en lugar de hacer un corte completo, para que liberen almidón y ayuden a ligar aún más el guiso. Continuamos la cocción, ahora con la cazuela destapada y a fuego medio, durante unos veinte o veinticinco minutos.
El plato estará listo cuando el pollo esté tierno, las patatas estén cocidas y la salsa tenga una textura espesa y brillante. Si queda demasiado reducida, podemos añadir un poco más de caldo; si es demasiado líquida, solo hay que dejarla cocer unos minutos más. Como muchos guisos tradicionales, todavía está mejor después de un pequeño reposo. El chocolate le aporta profundidad, no dulzor, y convierte una cazuela de pollo aparentemente sencilla en una receta catalana llena de memoria y sabor.