Cargando...

A primera vista puede parecer una ensalada de tomate sencilla, pero el queso feta crujiente transforma completamente el plato. La combinación funciona porque reúne tres elementos que casi siempre garantizan el éxito: tomates maduros y jugosos, un aliño fresco y un queso caliente con una cobertura dorada. Es una receta especialmente adecuada para el verano, cuando no apetece cocinar mucho pero tampoco conformarse con cuatro hojas verdes. Además, se prepara con ingredientes fáciles de encontrar y se puede hacer tanto en la freidora de aire como en el horno.

Una ensalada hecha a medida para disfrutar en verano

El secreto es un rebozado fino y bien condimentado

Para preparar esta ensalada necesitas tomates de diferentes variedades, albahaca fresca, aceite de oliva virgen extra, vinagre, sal y una pieza de queso feta. Para el rebozado, se necesita harina, huevo batido, panko, sésamo y pimentón. El contraste entre tomates diferentes, algunos más dulces y otros más ácidos, aporta mucha más profundidad que utilizar una sola variedad. Si es posible, combina tomate rosa, cherry, pera o corazón de buey.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Antes de rebozar el feta, conviene secarlo bien con papel de cocina. Si conserva demasiada humedad, la harina no se pegará correctamente y la cobertura se podrá desprender durante la cocción. Primero se pasa el queso por la harina, cubriendo todas las caras. Después, por el huevo batido y, finalmente, por una mezcla de panko, sésamo y pimentón. Esta última capa debe quedar bien presionada para que forme una costra uniforme.

El panko es especialmente útil porque genera un rebozado más ligero y crujiente que el pan rallado tradicional. El sésamo aporta un punto tostado, mientras que el pimentón da color y un sabor ligeramente ahumado. Se puede utilizar pimentón dulce o picante, según el resultado que se busque. No es necesario añadir mucha sal al queso, ya que el feta ya es intenso y salado por naturaleza.

Freidora de aire, tomate fresco y contraste de temperaturas

Una vez rebozado, el feta se coloca en la freidora de aire con un poco de aceite de oliva por encima. Se cocina aproximadamente doce minutos a 180 grados, girándolo a media cocción para que quede dorado por ambos lados. Si se prepara en el horno, se puede mantener la misma temperatura, pero necesitará aproximadamente el doble de tiempo. Hay que vigilarlo al final para que el queso no pierda completamente la forma.

Mientras se cuece, se cortan los tomates en trozos irregulares y se mezclan con hojas de albahaca. El aliño debe ser sencillo: sal, aceite de oliva virgen extra y un toque de vinagre. No conviene prepararlo con demasiada antelación, porque la sal hará que los tomates suelten mucha agua y el plato quedará aguado.

El feta debe servirse recién hecho, todavía caliente y crujiente, sobre los tomates frescos. Este contraste de temperatura es una de las claves de la receta. La cobertura se rompe con el tenedor, el interior queda tierno y salado, y los jugos del tomate actúan casi como una salsa. No es una ensalada cargada ni complicada, pero sí una manera muy efectiva de convertir ingredientes cotidianos en un plato completo, vistoso y con una textura que explica por qué tanta gente lo está probando.