En la alta cocina es habitual encontrar platos inspirados en recuerdos, paisajes o ingredientes de temporada, pero el chef Jordi Cruz ha llevado esa idea un paso más allá con una propuesta que nace directamente del mundo de la perfumería. El cocinero compartió recientemente en redes sociales un vídeo en el que explica uno de los postres más curiosos de su restaurante ABaC Restaurant: una creación dulce inspirada en un perfume del siglo XVIII. Concretamente, se trata de una reinterpretación gastronómica de Aqua Mirabilis, considerada la primera agua de colonia de la historia.

Jordi Cruz y su postre favorito

La historia de esta fragancia se remonta a 1709, cuando el perfumista Johann Maria Farina creó una esencia completamente diferente a los aromas pesados que predominaban en la época. Su objetivo era capturar la sensación del aire limpio después de la lluvia, con una mezcla de notas frescas y luminosas que evocaban la naturaleza. Aquella creación acabaría revolucionando el mundo de la perfumería y se convertiría en el origen de la famosa Eau de Cologne.

Perfume convertido en postre / Foto: Unsplash

A partir de esa idea, Jordi Cruz decidió trasladar el concepto al terreno culinario. Según explica el propio chef, todo empezó cuando él y su equipo analizaron el perfume y se dieron cuenta de que muchos de sus matices aromáticos podían transformarse en sabores reales. Si el aroma hablaba de cítricos, flores y notas herbales, ¿por qué no reinterpretarlo en un plato?

Uno de los postres más curiosos de su restaurante ABaC

El resultado fue un postre que intenta reproducir esas sensaciones olfativas mediante diferentes ingredientes y texturas. En lugar de limitarse a un solo sabor, la propuesta combina matices cítricos, toques florales y elementos herbales, creando una composición que busca recordar la frescura de la fragancia original. De esta forma, lo que en el perfume era aroma se convierte en la cocina en sabor.

El chef explica que Farina describía su creación con referencias muy claras: hablaba de naranjas, limones y flores, además de una sensación general de ligereza y elegancia. Precisamente esos elementos son los que han servido como base para el postre, que se presenta con distintas elaboraciones que representan cada una de esas notas aromáticas.

En la alta gastronomía contemporánea es habitual trabajar con texturas, contrastes y experiencias sensoriales, y este plato sigue precisamente esa filosofía. La idea no es solo ofrecer un dulce agradable, sino recrear una experiencia que conecte con la historia del perfume y con la sensación que provoca su aroma.

El resultado es una propuesta que mezcla gastronomía, historia y creatividad, y que demuestra hasta qué punto la cocina moderna puede inspirarse en disciplinas aparentemente lejanas. En este caso, un perfume del siglo XVIII se convierte en la base conceptual de un postre contemporáneo.

 

 

Para Jordi Cruz, este tipo de creaciones reflejan bien la esencia de la cocina de vanguardia: transformar ideas, recuerdos o incluso aromas en platos reales. Y pocas inspiraciones pueden resultar tan inesperadas como la de una fragancia creada hace más de tres siglos que, gracias a la imaginación de un chef, termina convertida en un postre que también se puede saborear.