El Estadi Olímpic Lluís Companys ha recibido esta noche al papa León XIV en el acto más multitudinario que protagonizará el pontífice en los dos días que estará en Catalunya: una vigilia de oración. Cuarenta mil personas han llenado el estadio, que se ha exhibido atestado de banderas del Vaticano, también muchas enseñas españolas, y una escasa presencia de senyeres y estelades. Quizás por eso, a pesar de que el papa ha pronunciado la homilía en catalán y castellano a partes iguales, su intervención, como la del arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, ha obviado cualquier referencia a Catalunya. Las palabras del papa han tenido un tono eminentemente social, para advertir sobre un sistema que no pone a la persona en el centro y para abordar cuestiones muy concretas: la respuesta ante las enfermedades mentales como la depresión o el rechazo a la violencia de género.
El papa no ha hablado de Catalunya, pero sí de España. En el marco de una reflexión sobre la penumbra de la condición humana, León XIV se ha referido a las "noches" de los caminos personales y eclesiales, pero también "de España, de sus ciudades, de sus nuevas y antiguas pobrezas, de su sociedad y cultura". Ha instado a contemplar con humildad estas noches y a mirar sin prejuicios la realidad para preguntar acto seguido: "¿Qué estamos llamados a cambiar? ¿Qué sociedad queremos construir?". "Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades, para buscar la verdad que nos guía hacia el bien común, para que este país sea un espacio acogedor para todos, donde cada uno sea respetado en su dignidad de persona y amado por aquello que es", ha emplazado León XIV, que ha situado la acogida a los inmigrantes como uno de los ejes de su viaje.
El santo padre ha explicado que Dios no ha venido a juzgar el mundo con su pecado y la noche de su infidelidad, sino que ha enviado a su hijo para salvarlo. "Por eso, también nosotros estamos llamados a no juzgar las noches, ni las noches de nuestra vida ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea", ha remachado.
Autoridades
El acto, muy emotivo y seguido con entusiasmo por el público, se ha desarrollado sobre un escenario blanco, presidido por una imagen de la Virgen de Montserrat. Al fondo había una reproducción del perfil de la cruz que corona la torre de Jesús de la Sagrada Familia. De hecho, Antoni Gaudí ha protagonizado la primera parte de la convocatoria. Incluso, desde el escenario se ha animado a los presentes a gritar "En el año Gaudí, el papa está aquí". En las primeras filas del público estaban el president de la Generalitat, Salvador Illa, acompañado de miembros de su Govern; el presidente del Parlament, Josep Rull, que este mediodía ha explicado al pontífice su paso por la prisión; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; y representantes de diferentes formaciones del arco parlamentario, entre ellos la presidenta del grupo parlamentario de Junts, Mònica Sales, o el presidente de ERC, Oriol Junqueras.
La convocatoria se ha abierto a las seis de la tarde y ha contado con diferentes actuaciones musicales para aligerar la espera. Mientras tanto, León XIV hacía un recorrido con el papamóvil hasta llegar al Estadi Lluís Companys. Ha sido unos minutos antes de las 8 de la tarde cuando el pontífice ha entrado con su famoso vehículo y ha completado una vuelta al Estadi, saludando a los asistentes y bendiciendo a los pequeños que los servicios de seguridad le acercaban. Finalmente, a las ocho y cuarto de la tarde, el pontífice se ha subido al escenario, mientras los presentes coreaban "esta es la juventud del papa". Al fondo, los Castellers de Vilafranca han levantado una torre antes de iniciarse la ceremonia. Un 3 de ocho, que han cargado y descargado.
Acto seguido, el papa ha abierto la ceremonia en catalán: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz sea con vosotros". Omella le ha dado la bienvenida a Barcelona, recordando que en este estadio en 1992 se pusieron en marcha los Juegos Olímpicos y ha descrito la torre de Jesús como un nuevo pebetero de la ciudad, para hacer una nueva Barcelona que sea "ciudad de Dios, como la querría Gaudí". Omella ha explicado que los castellers son "uno de los símbolos culturales propios de esta bella tierra catalana"; ha detallado que son torres humanas reconocidas por la Unesco, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y que fueron inspiración para Gaudí. Tampoco el arzobispo se ha referido en ningún momento a Catalunya, aunque sí que ha descrito Barcelona como capital del Mediterráneo.
Testimonios
A lo largo de la vigilia, el papa ha escuchado tres testimonios. El primero, Ferran de la parroquia de la Sagrada Familia, se ha referido al redescubrimiento de la fe cristiana frente a una sociedad materialista. En su respuesta, León XIV ha instado a "desarrollar un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existencial".
El segundo testimonio ha sido el de una profesora de secundaria de l'Hospitalet, Carmina, que, emocionada, ha explicado que había sufrido una depresión, una enfermedad silenciosa que provoca "una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable", y que la llevó a intentar un suicidio. El pontífice ha alertado de la necesidad de tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en las sociedades que se consideran avanzadas y someten a las personas a presiones y tensiones, por lo que ha reclamado un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este "malestar invisible y generalizado que afecta también a los jóvenes". "Hay momentos de oscuridad y sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente, algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos", ha denunciado, a la vez que ha advertido que estos momentos no se pueden superar en soledad y hace falta ayuda de alguien "que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito". "Dios no quiere el sufrimiento", ha asegurado.
Feminicidios
En tercer lugar, ha intervenido Desiré de Barcelona, una joven de 20 años que vio siendo una niña cómo su padre intentó matar a su madre, y cómo moría un joven que intentaba evitarlo. Desiré, en una intervención que ha causado impacto entre el público, ha explicado que tras estos hechos quedó en manos de los servicios sociales y de una familia a través de la cual conoció la Iglesia y se bautizó. Este testimonio ha servido a León XIV para hablar de violencia contra las mujeres, que a menudo desemboca en feminicidios, y ha advertido que hay que abordarlo todos, personalmente y como sociedad. "A nosotros nos corresponde afrontarlo en todas las dimensiones", ha advertido, dado que "si existe la violencia, si triunfa el egoísmo y si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, tenemos que hacernos preguntas a nosotros mismos, a la dinámica de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia; y no a Dios".
El pontífice ha asegurado que el perdón es en este caso una poderosa medicina. Ha aconsejado paciencia porque el perdón llega en pequeños pasos, pero también ha advertido que no se puede pensar que "el perdón equivale siempre y en todos los casos a volver a la situación anterior o a vivir una relación plena con quienes nos han herido, especialmente cuando el hecho ha estado marcado también por la violencia".
La vigilia se ha cerrado con música. Primero, la interpretación del Virolai por parte de la Escolania de Montserrat. A continuación, el cantante Sergio Dalma y la Escolania han interpretado juntos "Em dones força". Finalmente, se ha interpretado el himno que acompaña el viaje del papa, Alço la Mirada.