En un vídeo breve pero tremendamente didáctico, el chef de Jordi Cruz demuestra que hacer un arroz blanco impecable no es cuestión de suerte, sino de método. Bajo una premisa clara: “precisión, orden y nada más”, comparte una guía práctica para dominar uno de los básicos más infravalorados de la cocina. Porque el arroz blanco parece sencillo, pero lograr un grano suelto, limpio y sin apelmazar exige entender bien cada paso y, sobre todo, respetar los tiempos. El proceso arranca con 500 gramos de arroz redondo, que deben lavarse a conciencia hasta que el agua salga lo más limpia posible. Este gesto, que muchos omiten por pereza o desconocimiento, es fundamental. Al eliminar el exceso de almidón superficial, se evita que los granos se peguen entre sí durante la cocción. Es, según explica, la base para conseguir esa textura ligera y separada que marca la diferencia entre un arroz correcto y uno perfecto.

El arroz blanco perfecto sin que se pegue de la mano de Jordi Cruz

Una vez limpio, el arroz se coloca en una cazuela junto con 600 ml de agua y 5 gramos de sal. Aquí entra en juego la exactitud: proporción medida y equilibrio justo. Se mezcla bien para repartir la sal de manera uniforme, se tapa la cazuela y se cocina durante 4 minutos a fuego fuerte. Nada de remover, nada de destapar por curiosidad. El vapor y la temperatura deben mantenerse estables para que el grano empiece a absorber el líquido correctamente.

Arroz blanco / Foto: Unsplash

Pasados esos primeros 4 minutos, el fuego se baja al mínimo y se mantiene la cocción durante 10 minutos más. Esta fase es clave para que el arroz termine de hidratarse sin romperse ni pegarse al fondo. El control del calor es absoluto: ni burbujeo agresivo ni evaporación descontrolada. Es una cocción tranquila, casi silenciosa, donde el arroz se cocina de forma uniforme y progresiva.

El arroz debe lavarse a conciencia antes de empezar a cocinarlo

Después llega uno de los detalles más importantes y, a menudo, olvidados: el reposo. Se apaga el fuego y se deja la cazuela cerrada durante 5 minutos adicionales, sin destapar. Este tiempo permite que el vapor termine de distribuir la humedad y que el grano se asiente. Solo al final se retira la tapa, revelando un arroz blanco perfectamente cocido, con los granos separados y en su punto exacto. En este punto de reposo es importante recordar que más vale pasarse con el reposo que no quedarse corto en cuanto a minutos.

 

 

El resultado es un arroz versátil y elegante, listo para acompañar guarniciones, servir como base de salteados o integrarse en cualquier plato más elaborado. Una receta básica que, aplicada con rigor, demuestra que en cocina muchas veces la excelencia está en los detalles. Porque, como resume Jordi Cruz, no hace falta nada más que precisión, orden y respeto por el producto.