Freír bien no es solo cuestión de temperatura o técnica, también lo es, y mucho, de elección del aceite. En uno de sus vídeos recientes en Instagram, Jordi Cruz comparte su ranking personal de aceites para freír, detallando puntos de humo, precios y criterios de calidad para que cada uno pueda decidir con conocimiento. El chef deja claro que no todos los aceites responden igual al calor y que entender sus diferencias puede marcar la distancia entre una fritura ligera y crujiente o una pesada y poco saludable.
Ranking de aceites para freír según Jordi Cruz
En su clasificación, comienza hablando del aceite de oliva refinado, que sitúa entre las opciones más sólidas por su estabilidad. Explica que empieza a quemarse alrededor de los 240 grados, lo que le otorga un margen amplio para trabajar con seguridad en frituras. Esa resistencia al calor es clave para evitar que el aceite se degrade rápidamente o genere sabores desagradables.
El aceite de girasol, uno de los más utilizados por su precio más bajo, tiene un punto de humo cercano a los 230 grados. Es una alternativa económica y bastante extendida tanto en hogares como en restauración. Sin embargo, su perfil nutricional es diferente al del aceite de oliva, algo que también conviene tener en cuenta cuando hablamos de salud y estabilidad.
El aceite de girasol es una alternativa económica y bastante extendida
En el caso del aceite de cacahuete, Jordi Cruz señala que es una opción muy interesante desde el punto de vista técnico, ya que también alcanza los 230 grados de punto de humo, pero su principal inconveniente es el precio: ronda los 17 euros el litro, lo que lo convierte en una alternativa bastante más cara para el uso cotidiano.
El aceite de soja comparte ese mismo punto de humo de unos 230 grados y suele ser barato, aunque el chef apunta que su producción plantea dudas desde el punto de vista ecológico. Algo similar ocurre con el aceite de palma, que si bien puede utilizarse para freír, genera preocupación por el impacto ambiental vinculado a la deforestación.
Pero más allá del ranking, Jordi Cruz insiste en una idea clave: por qué importa tanto el aceite en las frituras. Freír implica trabajar con temperaturas elevadas, y un aceite estable, es decir, con un punto de humo alto, resiste mejor sin quemarse ni generar compuestos indeseados. Esto se traduce en frituras más limpias, seguras y con mejor sabor.
También influye la calidad nutricional del aceite. Los que presentan un buen perfil de grasas, especialmente ricos en monoinsaturadas, soportan mejor el calor y se oxidan menos. Esto ayuda a que el alimento absorba menos grasa y que la fritura resulte más ligera.
El aceite adecuado también impacta en el sabor y la textura final. Permite conseguir ese contraste perfecto entre exterior crujiente e interior jugoso, evitando la sensación grasa que dejan las frituras mal ejecutadas. Además, un aceite de calidad ofrece mayor durabilidad y eficiencia, ya que puede reutilizarse más veces sin deteriorarse rápidamente.
Como resume Jordi Cruz, elegir bien el aceite es apostar por una fritura más saludable, más sabrosa y más eficiente. No se trata de renunciar a este tipo de cocción, sino de entenderla y hacerla con criterio. Porque cuando la fritura se hace bien, se disfruta mucho más.
