“Es un privilegio decir lo que ningún otro presidente ha dicho antes. Bienvenido a la Casa Blanca, Lionel Messi”, dijo un entusiasmado Donald Trump en la East Room de la residencia presidencial, donde recibió a la estrella argentina y a todo el equipo del Inter de Miami. El motivo del recibimiento era el primer título de la MLS conquistado por el equipo que entrena otro exazulgrana ilustre, Javier Mascherano. Mientras Messi, fiel a su estilo discreto, sin dominar el inglés, se mantenía al lado del presidente sonriendo a ratos, mirando al suelo o hacia otro lado, pero sin decir una palabra, Trump también fue el Trump que todo el mundo espera: hablador y fanfarrón, encantado de conocerse a sí mismo, y sin disimular, como un niño pequeño, también encantado de tener a Messi en su fastuoso salón y de poder darle a su hijo Barron, un gran aficionado al fútbol, el capricho de poder conocer personalmente al mejor jugador de la historia. Con permiso, sin embargo, de Cristiano Ronaldo, porque Trump no quiso tener una descortesía hacia el portugués, que también pasó por la Casa Blanca el año pasado. “Mi hijo Barron me dijo: ‘¿Sabes quién viene hoy? ‘No, tengo muchas cosas que hacer. Me ha dicho: ‘Messi’. Él es un gran fan tuyo. Y de un caballero llamado Ronaldo”, dijo Trump. “Cristiano es genial. Tú eres genial”. Pero el presidente también piensa que él es genial, y como todo esto sucedía mientras caían las bombas en Irán, no se pudo reprimir a la hora de vanagloriarse de sus éxitos en otro campo, el de batalla. Trump sacó pecho de estar dándole una paliza al enemigo. “El ejército de los Estados Unidos, junto con los maravillosos socios israelíes, continúa destruyendo totalmente al enemigo, mucho antes de lo previsto y a niveles nunca vistos”, aseguró.

El presidente, que recibió una camiseta del Inter de Miami personalizada con su nombre y el número 47 (el número de su presidencia), además de un balón conmemorativo del título de 2025 de edición limitada con la firma de Messi y un reloj Tudor de color rosa, detalló los goles que le estaba marcando al rival. “Estamos demoliendo su capacidad de misiles y drones cada hora”, aseguró, y que la marina persa había perdido “24 barcos en tres días”, o que la defensa antiaérea iraní “ha desaparecido”. Trump hizo esperar a los jugadores antes de recibirlos porque estaba siguiendo las operaciones militares y la situación de los mercados, quería estar bien informado. El presidente, eufórico, continuó explicando que estaban “desmantelando” la capacidad militar iraní, presumiendo del hecho de que la campaña va “avanzada en el calendario y a un nivel sin precedentes”. 

De hecho, a Trump le gusta ganar, y no lo esconde. “Nos gustan los campeones, nos gustan los ganadores”. En cambio, al presidente no li gustan "los hombres guapos", dijo después de hacer broma con Luis Suárez y Rodrigo de Paul, a los que tildó de "gente guapa". Era la primera vez que el campeón de la Major League Soccer (MLS) visitaba la Casa Blanca, privilegio que hasta ahora solo tenían los campeones de la NFL, la MLB o la NBA. Trump elogió a Messi por ser un ganador, y por haber escogido el Inter de Miami, un equipo norteamericano, y recordó una batallita del pasado. "No debería decir esto, porque después dirán que soy viejo, pero yo vi jugar a Pelé. Jugaba en el Cosmos. No lo sé… Quizás tú eres mejor que Pelé. Pelé era bastante bueno. ¿Quién es mejor? ¿Tú? Yo creo que sí… Pero él era muy bueno, ¿verdad? Pelé era muy bueno", afirmó Trump durante la recepción.

Pero Trump no solo habló del presente, y del pasado, también anunció sus planes de futuro, y apuntó a Cuba como próximo objetivo en el punto de mira de la Casa Blanca. Lo hizo aprovechando que el Inter de Miami es propiedad de un grupo encabezado por los hermanos Jorge y José Mas, empresarios de origen cubano de MasTec, junto con David Beckham —que no estaba presente en el acto porque se encontraba de viaje en París— como copropietario minoritario. Entre los invitados, también se encontraba otro mito deportivo de origen dominicano, el exjugador Alex Rodríguez, exjugador de los Yankees de Nueva York, lo que dio pie a que Trump también hablara de béisbol. Pero volviendo a Cuba, el presidente aseguró que “quiere acabar primero” la guerra en Irán, pero que “será solo cuestión de tiempo” antes de abordar “lo de Cuba”, afirmando que la dictadura cubana “caerá”. “Lo que está pasando en Cuba es increíble… Queremos arreglar eso. Será solo cuestión de tiempo antes de que mucha gente increíble vuelva a Cuba”.  Y dirigiéndose también al secretario de Estado, Marco Rubio, de origen cubano, dijo: “Tu próximo proyecto será Cuba. Está esperando, pero acabemos primero este [Irán]. Podríamos hacerlos todos al mismo tiempo, pero pasan cosas malas”. Trump quiere ir partido a partido.  Y esta vez, dirigiéndose a Jorge Mas, concluyó: “Esto lo celebraremos por separado. Solo quería esperar un par de semanas…, pero creo que pronto estaremos juntos celebrando lo que está pasando en Cuba”.

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