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Hacer croquetas en casa es una maravilla, pero también es una de esas recetas que piden tiempo, paciencia y un buen rato entre fogones. Hay que preparar la bechamel, dejarla enfriar, dar forma a cada pieza, rebozarla y freírla. Si te gusta ese interior cremoso y el contraste con una capa crujiente, pero no tienes ninguna intención de pasar por todo este proceso, esta versión es perfecta. La idea es preparar una especie de croqueta gigante para comer con cuchara, inspirada en los sabores de la carbonara: guanciale, parmesano, yema de huevo, pimienta negra y una bechamel muy cremosa acabada con pan rallado gratinado.

Unas croquetas al estilo carbonara sin complicarse

Una bechamel cremosa con sabor a carbonara

Para prepararla necesitarás 100 gramos de guanciale, 25 gramos de mantequilla, 45 gramos de harina, 500 mililitros de leche, tres yemas de huevo, 50 gramos de parmesano, 40 gramos de pan rallado, sal, pimienta negra y un poco más de parmesano para acabar. Si no encuentras guanciale, se puede sustituir por panceta curada, aunque el resultado tendrá un sabor ligeramente diferente.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Empieza cortando el guanciale en trocitos pequeños y ponlo en una sartén sin mucha grasa añadida. Cocínalo a fuego medio hasta que quede bien dorado y crujiente y haya soltado parte de su grasa. Retíralo y resérvalo. En la misma sartén, incorpora la mantequilla y deja que se funda. Añade la harina y remuévela durante un par de minutos para que pierda el sabor a crudo.

Ahora incorpora la leche gradualmente mientras remueves con unas varillas. Es importante no verterla toda de golpe: así evitarás los grumos y podrás controlar mejor la textura. Continúa cocinando hasta obtener una bechamel cremosa, un poco más fluida que la que usarías para dar forma a unas croquetas tradicionales. En un bol aparte, mezcla las yemas con el parmesano rallado y una buena cantidad de pimienta negra recién molida. Retira la bechamel del fuego antes de incorporar esta mezcla para que las yemas no cuajen de golpe. Remueve rápidamente hasta que todo quede integrado y añade también el guanciale crujiente.

El gratinado es lo que la convierte en una falsa croqueta

Pasa toda la mezcla a una bandeja pequeña apta para el horno. La textura debe recordar el interior de una croqueta recién abierta: cremosa, espesa pero aún fácil de comer con cuchara. Cubre la superficie con el pan rallado y una capa generosa de parmesano rallado. No hace falta rebozar nada ni manipular la masa con las manos.

Lleva la bandeja al horno a 200 grados durante unos 8 o 10 minutos, preferiblemente con el gratinador durante la parte final, hasta que la superficie esté bien dorada. También se puede hacer en la airfryer utilizando un recipiente adecuado y vigilando los últimos minutos para que el pan rallado no se queme.

El resultado es precisamente lo que promete el nombre: croquetas para perezosos. Debajo hay una crema intensa, con parmesano, yema y guanciale; encima, una costra seca y crujiente que recuerda el rebozado tradicional. No son croquetas en sentido estricto, pero reproducen el mejor contraste del plato sin tener que enfriar, formar, rebozar ni freír una sola pieza.