Aitana Ocaña siempre vuelve a este pueblo a 15 minutos de Barcelona, famoso por la mejor fruta de Catalunya

Aitana Ocaña mantiene una relación muy especial con Sant Climent de Llobregat, el pequeño municipio del Baix Llobregat donde nació y al que sigue vinculada pese a haberse convertido en una de las artistas más conocidas del país. A pocos kilómetros de Barcelona, este pueblo de poco más de 4.000 habitantes conserva todavía un ambiente tranquilo, rodeado de montaña y muy alejado del ritmo de la capital.

Sant Climent tiene una superficie de apenas 10,8 kilómetros cuadrados y se encuentra encajado entre varias sierras y rieras. Su proximidad a Barcelona permite llegar rápidamente, pero una vez allí el paisaje cambia por completo. Las calles, las casas bajas y los caminos que se internan entre zonas agrícolas hacen que siga manteniendo una identidad propia muy marcada.

El pueblo donde las cerezas lo cambiaron todo

Uno de los grandes símbolos de Sant Climent es la cereza. Durante siglos, las montañas del entorno estuvieron ocupadas principalmente por viñedos, pero la llegada de la filoxera dañó gravemente la producción de vino. Muchas familias tuvieron que buscar una alternativa y comenzaron a sustituir las vides por cerezos.

Aitana Ocaña de amarillo en su pueblo, Sant Climent de Llobregat GTRES
Aitana Ocaña de amarillo en su pueblo, Sant Climent de Llobregat GTRES

Con el tiempo, aquella solución terminó convirtiéndose en una de las principales señas de identidad de toda la zona. El Baix Llobregat concentra actualmente una parte muy importante de la producción de cerezas de Catalunya y Sant Climent es uno de sus municipios más reconocibles. En primavera, los árboles en flor tiñen el paisaje de blanco y rosa y transforman completamente el entorno.

La Fira de la Cirera mantiene viva la tradición

Desde 1976, el municipio celebra cada mes de mayo la Fira de la Cirera, una cita dedicada precisamente al producto que ha marcado su historia reciente. Durante esos días se muestran algunos de los mejores frutos de la temporada y el pueblo recupera todo su vínculo con una actividad agrícola que todavía sostiene a numerosas familias de la comarca.

Para Aitana, Sant Climent representa algo más personal. Es el lugar donde empezó todo, mucho antes de los conciertos multitudinarios, las giras y la exposición constante. Volver allí significa regresar a un entorno pequeño y reconocible, donde la montaña y los cerezos forman parte del paisaje cotidiano. Ese contraste explica buena parte de su atractivo. A apenas unos minutos de Barcelona, Sant Climent ofrece una sensación completamente distinta: calma, tradición agrícola y un paisaje que cada primavera recuerda por qué la cereza sigue siendo uno de los grandes orgullos del municipio.