La dimisión, voluntaria o forzada —que debe ser un poco de todo— del director general de la Policía, Josep Lluís Trapero, pone punto y final a una situación cada vez más insostenible en la Conselleria de Interior. No había muchas más soluciones: o se iba Trapero o la consellera Núria Parlon hubiera tenido que acabar poniendo su cargo a disposición del president, ya que las diferencias habían acabado siendo abismales y repercutía directamente en el funcionamiento del departamento y en el cuerpo de Mossos d'Esquadra. Parlon ha demostrado tres habilidades en esta crisis con su director de la Policía: paciencia, estrategia y autoridad. La primera le ha ayudado a lidiar con más de una incomodidad en estos dos años, la segunda a planificar en qué momento debía hacerlo y la tercera a ejecutarlo con mano de hierro y en dos movimientos.
Como suele pasar a menudo con los consellers que no se han hecho ellos mismos todo su equipo, la pieza incrustada desde arriba acaba siendo como un elefante en una habitación. Trapero era fruto de un anuncio en la campaña electoral de Salvador Illa como una idea con la que pretendía trasladar que el departamento iba a ser más profesional. Desde el principio, sin embargo, se vio que la entente iba a ser muy difícil, ya que el major ejercía, o lo intentaba, con el cargo para el que había sido nombrado y como el responsable del cargo anterior que le había dado la popularidad a través de sus hombres en el cuerpo policial catalán.
En este contexto, la consellera ha aprovechado un cambio obligado en la dirección de los Mossos, ya que el comisario Miquel Esquius se jubilaba, para mover también la arquitectura en su departamento. Así escoge personalmente colocar a una mujer al frente del cuerpo de Mossos, por primera vez en la historia, y el jaque a Trapero es de tanta intensidad que su candidato, el intendente Toni Rodríguez, se queda sin números en la rifa. Después de este movimiento inicial, Trapero tiene que escoger entre asumir algo que no quería o plantearse su salida, cosa que acaba haciendo en medio de una tranquilidad tanto en el departamento como en el cuerpo de Mossos que respira aliviado.
Junqueras puede exhibir la cabeza cobrada y defender que su apoyo al Govern no es gratuito
El segundo movimiento es designar un sucesor de Trapero como director general de la Policía. La elección de Parlon tiene mucha lógica: se mantiene la idea de que un alto cargo de los Mossos puede ocupar este cargo y la persona escogida es Ferran López, actualmente responsable del cuerpo en Madrid y con una buena interlocución con los mandos policiales del Estado y con el equipo del ministro Marlaska. En su biografía figura que fue el comisario jefe cuando se aplicó el 155 en Catalunya, dato importante, pero muy menor en su nombramiento de hoy. En todo caso, ha pesado más su capacidad diplomática para rebajar tensiones y una cierta proximidad a los socialistas.
En todo este cambio llevado a cabo en Interior y que tiene una gran importancia por la relevancia en estos momentos de tanto peso en el tema de seguridad, no ha sido menor el papel de Oriol Junqueras. El presidente de ERC ha sido la palanca política para mover la posición inicial del PSC y, de hecho, el pasado 31 de agosto exigió, en una entrevista radiofónica, al president Illa el relevo de Trapero, algo que ha visto este miércoles materializado. Junqueras puede exhibir la cabeza cobrada y defender que su apoyo al Govern no es gratuito; Parlon se saca un problema de encima y para el president Illa lo que le podía aportar hace dos años el major ya había quedado del todo amortizado.