Que un hijo no haga caso de inmediato es una de las situaciones más frustrantes y habituales en la crianza. Según el psicólogo y pedagogo Álvaro Bilbao, esto no es tanto una falta de respeto como un reflejo del funcionamiento del cerebro infantil en desarrollo, y puede convertirse en una oportunidad educativa si los padres interpretan bien la situación.
Bilbao —autor y divulgador en temas de crianza positiva— propone compartir con otros padres una historia inspiradora para relativizar estos momentos: la de Paul McCartney y su padre, Jim McCartney. Cuando Paul estaba componiendo el éxito She Loves You, su padre, que también era músico y profesor de piano, le sugirió cambiar parte de la letra. Paul decidió no seguir el consejo y la canción se convirtió en un icono mundial. Este ejemplo, explica Bilbao, sirve como recuerdo de que dejar que los hijos tomen decisiones por sí mismos, aunque no sigan nuestros consejos, puede ser clave para que desarrollen autonomía y confianza.
Por qué los hijos no siempre hacen caso
La razón por la cual los niños parecen “no escuchar” no es por desobediencia deliberada. El cerebro de los niños está en pleno desarrollo: estructuras como el lóbulo frontal, encargado de la atención, el control de impulsos y la regulación emocional, aún no están maduras. Esto hace que sea difícil alternar la atención o detener una actividad cuando otra persona lo pide, especialmente si están concentrados en algo que les gusta o les llama la atención.
Además, el circuito que frena impulsos —el giro anterior, relacionado con autocontrol y gestión de la frustración— se desarrolla muy lentamente, y no alcanza su madurez hasta bien entrada la adultez. Por eso, aunque el niño entienda las palabras de un padre, su cerebro puede no estar listo para actuar conforme se le pide al momento.
Técnicas para lograr que los hijos hagan caso
Bilbao ofrece consejos prácticos basados en la psicología del desarrollo y la disciplina positiva:
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Hablar con calma y claridad: dar la instrucción de forma sencilla y afectuosa aumenta la probabilidad de que el niño procese lo que se espera de él.
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Repetir con paciencia sin elevar el tono, porque el niño está aprendiendo y no tiene el mismo control de atención que un adulto.
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Acompañar emocionalmente cuando se presenta una rabieta o frustración, en lugar de reaccionar con castigo o gritos.
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Establecer límites firmes con afecto: decir “no” con serenidad, explicando por qué y ofreciendo alternativas, ayuda al niño a interiorizar normas sin miedo.
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Dar responsabilidades y opciones cuando sea apropiado. Permitir pequeños espacios de decisión —por ejemplo, elegir una fruta o el orden de tareas— fomenta la cooperación voluntaria.
Qué enseñan estos momentos de desobediencia
Bilbao subraya que no hacer caso no siempre significa mala conducta: es parte del proceso de aprendizaje. Los niños todavía están construyendo habilidades como autocontrol, atención sostenida y flexibilidad cognitiva. Cada vez que un padre o madre transmite calma y presencia, en lugar de frustración o castigo, está dando a su hijo una oportunidad para crecer emocionalmente y desarrollar conexiones neuronales que favorecerán su autonomía.
La historia del padre de Paul McCartney recuerda a los padres que a veces nuestros consejos no son seguidos, pero eso no invalida su valor ni el afecto con el que los damos, y que dejar que los pequeños exploren decisiones propias puede conducir a aprendizajes significativos y a desarrollar seguridad en sí mismos.
