Regresa Pedro Sánchez a la Moncloa después de unas prolongadas vacaciones, primero en la residencia oficial de La Mareta, en Lanzarote, y esta última semana en Andorra, donde ha permanecido, al parecer, tres días, y de las que sabemos tan poco como de todo lo que ha hecho este mes de agosto. Por suerte, septiembre, que se inicia este lunes, será diferente, y el retorno a la cruda realidad de lo que dejó en julio es más que suficiente para que el presidente se mueva entre el vértigo de una inexistente mayoría política para sacar proyectos políticos adelante y el vahído que le debe ocasionar pensar que en su agenda política figuran demasiados días marcados en rojo por comparecencias judiciales relacionadas con la corrupción, empezando por la de su esposa, Begoña Gómez, citada como imputada por el juez Juan Carlos Peinado el próximo día 11.
Dice una copla popular, atribuida a Antonio Machado, que "Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Contigo porque me matas, sin ti porque me muero". En ese escenario se maneja Sánchez. Sin salida política alguna. Se irá dando cuenta a medida que avance el curso y compruebe cómo se le han alejado los aliados del pasado. De manera especial, Podemos y Junts. Pablo Iglesias y Carles Puigdemont. Un dirigente de este último partido comentaba recientemente que le costaba subir del cero a la hora de hablar de las posibilidades de que el Gobierno Sánchez saque adelante unos nuevos presupuestos generales del Estado.
En ese escenario se maneja Sánchez. Sin salida política alguna
A este distanciamiento de Sánchez se le ha sumado, en las últimas semanas, también, Oriol Junqueras, quejoso por la actuación de la vicepresidenta y ministra de Economía, María Jesús Montero, con la financiación singular. Tanto, que ha llegado a pedir que se dedique en exclusiva a su candidatura a la Junta de Andalucía y abandone el ministerio. En la otra orilla del independentismo, Junts y el PSOE acabaron el curso de muy mala manera y con los dos objetivos estrella de los de Puigdemont bloqueados por razones diferentes. La oficialidad del catalán en las instituciones europeas y la transferencia integral de las competencias sobre inmigración son hoy dos proyectos ministeriales y no una realidad. Es más, al no haber nada, cualquier nuevo gobierno no tendría ni que deshacer el camino andado. No es extraño, en estas circunstancias, que la herida de Junts con los socialistas sea profunda.
Leo este sábado en La Razón, un periódico bien informado de las cosas que tienen que ver con la Zarzuela y la jefatura del Estado español, una noticia titulada así: "La relación entre Sánchez y el rey Felipe está rota". Señala el citado medio que la interlocución se limita a sus respectivos gabinetes y que en la jefatura del Estado hay una orden no escrita de alejarse de Sánchez con la excepción de las obligadas relaciones protocolarias. También apunta a la pésima relación de la Zarzuela con el ministro de Exteriores, José Manuel Albares. Esa información, en el inicio del curso político, no es un buen preludio para el presidente del Gobierno. Porque en el Madrid político y judicial, una noticia así no pasa desapercibida.