Del "nunca investiremos a Rajoy" al "nos abstendremos en segunda votación"; del "votaremos sí si acepta seis condiciones irrenunciables" al "dejaremos los temas más espinosos para el final y ya veremos el qué". El crédito negociador de Ciudadanos se agota en una proporción directa a los temores mejor fundados de esta formación de recibir una nueva sangría en caso de elecciones navideñas, cosa que hace que como más avance, el votante tenga más la sensación de estar en una subasta de pescado donde el precio baja a cada segundo. Y quizás para nada, porque al fin y al cabo, la llave de la investidura la guardan en el despacho de Pedro Sánchez.