Hace un año, Pedro Sánchez ponía punto final a, hasta entonces, su peor año como presidente del Gobierno. Las elecciones generales del 23-J de 2023 hicieron que la suma de PP y Vox fuera insuficiente para investir a Alberto Núñez Feijóo como jefe del ejecutivo. Y Sánchez pudo prolongar su estancia en la Moncloa a cambio de nuevos pactos con el independentismo, entre los cuales se encontraba la ley de amnistía. La complicada aritmética del Congreso era igualmente un quebradero de cabeza, pero ese dejó de ser su único gran problema. Cuando solo hacía tres meses que había sido nuevamente investido como presidente, empezó a caer sobre él una tormenta judicial sobre personas que habían sido de su máxima confianza, así como en su entorno familiar. Un año después, el caso Koldo-Ábalos-Cerdán no ha hecho más que empeorar, y han aparecido nuevas tramas de presunta corrupción alrededor del PSOE. Junts per Catalunya, ultimátum tras ultimátum, ha decidido romper relaciones con los socialistas. Y el mismo Sánchez ya reconoce que no tiene mayoría en el Congreso. Erosionado como está, acaba de hundirse en las primeras elecciones del nuevo ciclo electoral, en Extremadura. Quedan por delante tres comicios autonómicos más; con las próximas generales en un horizonte cada vez menos lejano: si de verdad pretende agotarla, a Sánchez ya solo le queda un año y medio de legislatura.

El momento más funesto para Pedro Sánchez fue el pasado mes de junio, cuando la Unidad Central Operativa (UCO) tumbó a Santos Cerdán con un informe que lo situaba en el epicentro de la trama del caso Koldo. Sánchez ya no solo había tenido a un secretario de Organización —José Luis Ábalos— metido en tramas de corrupción, sino que con Cerdán ya acumulaba un segundo hombre de su máxima confianza relacionado con irregularidades. El Tribunal Supremo encarceló al entonces número tres del PSOE en Soto del Real, centro penitenciario del que ya ha salido porque el juez considera que ya no puede destruir pruebas; pero ahora Ábalos y Koldo García sí que están encarcelados. Con la cara desencajada, Sánchez pidió perdón a la ciudadanía, pero no asumió ninguna responsabilidad directa: no ha convocado elecciones ni se ha sometido a una cuestión de confianza en el Congreso. Se limitó a anunciar algunas medidas anticorrupción que no se han puesto aún en marcha.

Ahora el caso Koldo ha levantado sospechas de un supuesto caso de financiación irregular del PSOE. La Audiencia Nacional estudia los pagos en metálico que ha efectuado el partido en los últimos años. Sánchez, así como los principales protagonistas de este caso, lo niegan. El partido se escuda recordando que cuenta con el aval del Tribunal de Cuentas y de auditorías externas. Pero, de todas formas, ahora han aparecido nuevas tramas: Leire Díez —conocida como fontanera de Santos Cerdán— ya no está en la diana solo por haber maniobrado y ofrecido sobornos a fiscales a cambio de información comprometedora de los Guardias Civiles que investigan al PSOE, sino que ahora se la investiga en otra causa sobre presuntas irregularidades en contrataciones públicas de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

La imagen política del año: Cerdán, consciente de que la UCO publicará en unos minutos un informe que le hará caer, evita saludar a Sánchez; el presidente lo mira desconfiado / Foto: Europa Press

Denuncias por acoso sexual

Para empeorarlo todo, el día que Sánchez quería hacer limpieza renovando la secretaría de Organización del PSOE, se destapó un caso de acoso sexual a trabajadoras dentro de la Moncloa. El acusado es Paco Salazar, que iba a formar parte, precisamente, de esta nueva comandancia coral del partido. El caso se ha agravado este último mes, cuando se ha publicado que las denuncias de víctimas anónimas habían desaparecido del sistema informático del PSOE. Y han aparecido nuevas denuncias del mismo tipo en Ferraz, en Galicia, en el País Valencià y en Andalucía. Ha aparecido un grave problema para los socialistas, que hace tiempo que trabajan a fondo el voto femenino en un contexto de polarización que aleja a ciertas mujeres del PP por la pinza que hacen con Vox. Fuentes de la dirección de los populares, de hecho, celebran el nuevo escenario y opinan que “el PSOE tardará años en volver a tener credibilidad para hablar de feminismo y corrupción”, cosa que admiten que a ellos mismos les ha pasado con esta última carpeta por culpa de la Gürtel

 

Sánchez se reunirá con Junqueras y confía en reconducir la relación con Puigdemont con la amnistía

Pero en medio de los problemas relacionados con la corrupción y el acoso, la debilidad parlamentaria de Sánchez no ha dejado de ser un quebradero de cabeza, sino que ha empeorado. El PSOE ha sumado tantos incumplimientos con Junts per Catalunya que, ultimátum tras ultimátum, los independentistas se han cansado y han decidido romper sus relaciones con los socialistas. Ya no hay negociaciones entre ambas partes. Así lo reconoce el mismo presidente del Gobierno, que en las últimas semanas se ha visto —ahora sí— entre la espada y la pared y ha pisado el acelerador para cumplir una batería de acuerdos pendientes con el grupo parlamentario de Míriam Nogueras. Asegura también que publicará las balanzas fiscales, una demanda histórica de la formación.

Pero más allá de cumplir con lo que se debe, el presidente del Gobierno reconocía estas Navidades en conversación informal con periodistas que la amnistía plena es uno de sus “hitos” del año 2026, con la intención de que esto pueda propiciar un retorno de Carles Puigdemont a Catalunya y normalizar las relaciones entre socialistas y juntaires. Es decir, tener un soplo de oxígeno para alargar su legislatura. En esta conversación se le preguntó si entra en sus planes reunirse con el president en el exilio igual que lo hará con Oriol Junqueras. Pero el presidente español se limitó a remarcar que a estas alturas esta relación está “rota”.

 

Sánchez y el líder de Esquerra Republicana se reunirán después de Reyes. Será el primer encuentro público entre ambos. Fue Junqueras quien le pidió el encuentro al presidente del Gobierno, alarmado por los crecientes casos de corrupción y por una legislatura cada vez más agónica. El socialista aceptó. Se da por hecho que en este encuentro ambos abordarán la concreción del nuevo modelo de financiación autonómica que debe garantizar, en principio, el modelo singular para Catalunya que ERC acordó a cambio de la investidura de Salvador Illa como presidente de la Generalitat.

Nuevo ciclo electoral

Sánchez confía agotar la legislatura alcanzando la amnistía plena, impulsando un nuevo modelo de financiación y negociando y recibiendo los fondos europeos. Así espera, si la agota, presentarse a las elecciones generales de 2027; unos comicios que se deben celebrar, a mucho estirar, dentro de año y medio. El nuevo ciclo electoral, sin embargo, ya ha comenzado. Los extremeños han hundido al PSOE en su peor resultado histórico en esta autonomía, un territorio que ha sido un histórico feudo socialista. La única lectura esperanzadora que le queda a Sánchez es que el PP seguirá siendo dependiente de un Vox todavía más reforzado, lo que le permite continuar alimentando el discurso del miedo que hizo victoriosa a la mayoría progresista en las generales de 2026. Después de los extremeños les tocará a los aragoneses (8 de febrero), a continuación a los castellano-leoneses (15 de marzo) y el andaluz Juanma Moreno debe convocar elecciones a no más tardar en verano. Sánchez, que es mortal y en esto coinciden —excepto el CIS— todos los laboratorios demoscópicos, ¿demostrará en este nuevo ciclo que todavía le queda una vida más?