Nos plantamos ante la fachada icónica con el arco metálico decorado con círculos de colores y el gran escudo con el nombre del mercado en el centro: Sant Josep - la Boqueria. A uno y otro lado hay edificios con balcones de hierro forjado. En la entrada, una multitud de guiris con sus móviles hacen tapón. Debo reconocer que ante este estampa, había dudas sobre qué nos podría ofrecer el restaurante al que nos dirigíamos. No es ningún secreto que el Mercat de la Boqueria es más conocido hoy por ser una parada obligatoria de turistas que por ser un espacio auténtico de compra y cocina para los barceloneses. La experiencia en Kiosk Universal, sin embargo, nos hizo replantear este prejuicio.

Restaurante Kiosk Universal en el Mercat de La Boquería. / Foto: Carlos Baglietto

Aquí no hay vasitos de fruta exótica cortada para salir del paso, sino una cocina de mercado bien hecha

No sé si fue por el escepticismo inicial o porque la propuesta de Kiosk Universal es realmente sólida, pero solo cruzar la frontera entre el bullicio del mercado y llegar a la barra del local, te das cuenta de que no estás ante un puesto más pensado para el turista ocasional. Aquí no hay vasos de fruta exótica cortada para salir del paso, sino una cocina de mercado bien hecha. Nos sentamos en los taburetes de la barra y pudimos echar un vistazo a nuestro alrededor. El ritmo del Kiosk Universal se alinea con el mercado: la barra rodea la cocina y la plancha es su centro neurálgico, donde se ve cómo los cocineros elaboran y sirven sin pausa, mientras la clientela —local, pero también foránea— se mezcla en el restaurante.

Barra del Kiosk Universal. / Foto: Carlos Baglietto

En Kiosk Universal tienen carta en papel, y también las sugerencias del día escritas en una pizarra. Nosotros, sin embargo, nos dejamos aconsejar por Borja Domínguez, nieto del hombre que fundó el establecimiento en 1973 —y, por tanto, tercera generación ya—, y a continuación observamos los platos que nos ofrece delante: desde el pulpo a la gallega hasta el calamar a la plancha, pasando por un sabroso salteado de boletus.

Producto fresco del Kiosk Universal. / Foto: Carlos Baglietto

Destaca un plato con cuatro vieiras servidas dentro de su propia concha, preparadas de manera individual; dos coronadas con foie-gras, y las otras dos con una cobertura de jamón cortado muy fino. Una propuesta muy correcta que combina mar y montaña. También son muy acertados los postres, un flan casero que hace pensar que, en efecto, en la Boqueria todavía se puede comer como en casa.

Puede parecer una obviedad, pero si te sirven bacalao, sabe a bacalao. Y punto

Una familia en la barra del restaurante Kiosk Universal. / Foto: Carlos Baglietto

Cada uno de los platos habla de calidad y respeto por el producto que se trabaja al instante, sin sobrecocinarlo ni disfrazarlo. De hecho, puede parecer una obviedad, pero si te sirven bacalao, sabe a bacalao. Y punto. Y es que el producto que ofrecen y que el cliente puede ver fresco presentado en la barra viene directamente del mismo mercado.

Borja Domínguez con un plato a punto de servir en el Kiosk Universal. / Foto: Carlos Baglietto

Desde el año 1973, Kiosk Universal ha mantenido un equilibrio delicado entre tradición y actualidad, resistiendo a los cambios de un mercado que se ha adaptado a la presión turística. Este establecimiento, que comenzó como una pequeña apuesta familiar, ha sabido mantener la esencia del producto fresco y de temporada en uno de los escenarios gastronómicos más emblemáticos de Barcelona.