La respuesta de Occidente a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán ha sido más bien tibia, pero sí que se ha condenado con mucha facilidad la respuesta iraní en toda la región. Entre los aliados occidentales, Francia, Alemania y el Reino Unido han llegado a plantearse la posibilidad de sumarse al ataque contra el régimen de los ayatolás, a pesar de la división interna en la Unión Europea —el Estado español lidera la oposición contra tal postura—. Pero, ¿qué dicen las otras potencias? Brasil, Rusia, la India... y, sobre todo, China, el principal competidor de EE. UU. y principal socio comercial del país persa (y su mayor importador de petróleo). Vale la pena detenerse un segundo a analizar el papel de China ante la guerra de Irán, y preguntarse ¿qué piensa, qué hará y qué pasará con Taiwán?
Mao Ning, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, ha acusado este martes a EE. UU. e Israel de "incitar a un cambio de régimen" en Irán y ha insistido en que el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, es "inaceptable". Asimismo, ha dicho que la ofensiva de Washington y Tel Aviv "viola el derecho internacional y las normas básicas que rigen las relaciones internacionales" y ha reiterado que la postura china es la de apoyar a Teherán en la defensa de su soberanía, a pesar de que reconoce las "preocupaciones legítimas" de seguridad de los países del Golfo. La portavoz también ha señalado que Pekín respeta "el derecho legítimo de Irán al uso pacífico de la energía nuclear" y ha apostado por "la vía de la resolución política y diplomática". Finalmente, ha estructurado la posición de China en tres ejes: cese inmediato de las operaciones militares, retorno al diálogo y oposición a las acciones unilaterales.
Preocupación china por Ormuz
China ya condenó el domingo el asesinato de Jamenei por "violar la soberanía y la seguridad" de Irán, y por ser "un atropello a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y a las formas fundamentales de las relaciones internacionales". En una rueda de prensa de este lunes, la misma Mao Ning insistió en el llamamiento chino a "detener inmediatamente las operaciones militares" y mostró su preocupación por la seguridad del estrecho de Ormuz. Al respecto, recordó que es un canal internacional esencial para el comercio de bienes y de energía: "Salvaguardar la seguridad y la estabilidad en esta región sirve a los intereses comunes de la comunidad internacional".
Por ahora, hay división entre los expertos alrededor del efecto del cierre del estrecho de Ormuz sobre China. El hecho es que Irán supone un 11% de las importaciones de petróleo del gigante asiático, el principal comprador del mundo, mientras que el 45% viene de otros países del Golfo. A menudo se ha acusado a Teherán de suministrar a Pekín petróleo descontado para eludir las sanciones de EE. UU. mediante un reetiquetado, liquidando su comercio principalmente en yuanes chinos. Ha sido lo que llaman win-win: la economía iraní se ha mantenido en pie mientras China conseguía combustible barato. Es por eso que hay quien dice que la crisis en Oriente Medio es más arriesgada que la de Venezuela, aunque otros especialistas consideran que la suspensión del tráfico por el estrecho será "controlable" para las grandes navieras chinas. De hecho, las tres principales petroleras de China han cerrado este lunes con subidas de un 10% en la bolsa de Shanghái, el máximo posible en un día. Es la primera vez que PetroChina, Sinopec y Cnooc registran beneficios de este tipo, llegando a sus récords de los últimos años.
Ni en Oriente Medio ni en Taiwán
Pero ni esta condena ni esta preocupación se traducirá en ninguna acción concreta de apoyo a Irán, o como mínimo así lo ha descartado Rusia. El Kremlin aseguró ayer que ninguno de los países de los BRICS ayudará a la república islámica en su conflicto con EE. UU. e Israel. "La pertenencia a los BRICS no contempla la obligación de ofrecer asistencia mutua durante una agresión militar", dijo el portavoz presidencial, Dmitri Peskov, que recordó que esta organización fomenta la cooperación "en otros ámbitos" más allá del militar.
Asimismo, tampoco parece que vaya a hacer nada con Taiwán, pese al miedo existente a que China decida seguir el ejemplo de EE. UU. y actuar por su cuenta. Expertos consultados por EFE han descartado ningún tipo de aumento del riesgo militar en el estrecho de Formosa. Al fin y al cabo, el objetivo de Pekín es una "reunificación pacífica", además de la alta probabilidad de que Washington decidiera ayudar a Taipéi en caso de un ataque —a pesar de no reconocer oficialmente su independencia—. Ahora bien, es cierto que EE. UU. no tiene munición para todo y esta posición podría cambiar si la guerra de Irán se alarga.