Albert Blesa Sampériz (Barcelona, 2002) y Malena Loyer Vaquerizas (Madrid, 2001) son pareja, cocineros y acaban de abrir su propio restaurante de cocina catalana en el Poblenou: Cal Quiquet. Se conocieron estudiando el grado en Ciencias Gastronómicas y Artes Culinarias en el Basque Culinary Center, donde se sienten muy afortunados de haber podido de formarse porque supuso un gran esfuerzo económico para las familias. Han pasado por grandes casas como Gresca o Cocina Hermanos Torres en el caso de Albert, y Triciclo o Bagà en el caso de Malena. Ahora, desde diciembre de 2025, regentan Cal Quiquet en el mismo local donde estaba el restaurante Gegant (C/ Pujades, 93). Un restaurante donde solo trabajan ellos dos, abiertos de miércoles a domingo, y con una oferta de cocina tradicional a precios contenidos. Con menos de 25 años, el suyo es un caso poco habitual; dos cocineros jóvenes que pueden abrir su propio restaurante sin tener un gran capital detrás. Hemos hablado con ellos para conocer su historia y saber de primera mano qué encontraremos en Cal Quiquet, un local que se postula para convertirse en la referencia de cocina joven y tradicional en el barrio del Poblenou.

Cuando acabasteis de estudiar, ¿teníais claro que queríais abrir un restaurante?

Albert: Sí, yo siempre he querido tener un negocio, pero lo preveíamos como algo más lejano. Cuando terminamos la carrera en 2024, teníamos previsto vivir unos años en San Sebastián como pareja. Pero entre que aquel verano murió mi padre, encadenábamos contratos de hostelería precarios, y teníamos en mente la idea de abrir un negocio, todo se acabó precipitando

Malena: A ninguno de los dos nos llamaba la atención la idea de trabajar para otro. No queríamos acabar trabajando en un restaurante que no fuera el nuestro.

A: Surgió la idea de montar un restaurante en una casa del pueblo, en Magralef, en el Priorat. Salió la licitación pública, estuvimos siete meses planificando el proyecto, pensando que sería allí, y en el último momento nos dijeron que no. Dejamos pasar el verano y pensamos qué hacer, porque ya lo teníamos todo montado. Finalmente decidimos venir a Barcelona. Lo más difícil ha sido encontrar el local, y sobre todo hacer números, porque hemos empezado con nuestros ahorros. Tuvimos la suerte de que la gente del restaurante Suru, con quien coincidí trabajando en Gresca, nos asesoraron y echaron una mano para encontrar este local. Pero el gran reto fue encontrar financiación. Todo es muy bonito cuando se habla de gente joven y se llenan la boca diciendo "sí, ayudamos a los jóvenes emprendedores" etc. y a la hora de la verdad te ponen problemas.

Llama la atención, justamente, que gente tan joven como vosotros haya podido abrir un restaurante.

A: Sí, nuestra idea, siempre lo hemos dicho, era abrir un local en el cual nos guste la comida que se hace. Que puedas encontrar cosas sencillas, bien de precio y en un barrio en el cual ahora mismo cuesta encontrar este tipo de oferta.

"Lo hacemos todo desde el cariño, y cuando haces las cosas desde el cariño, normalmente suelen salir bien"

Albert Blesa y Malena Loyer en el restaurante Cal Quiquet. / Foto: Carlos Baglietto

Precisamente, Poblenou es un barrio con cada vez más turistas y expats. ¿Buscabais abrir aquí, o lo hicisteis porque no quedaba más remedio?

M: Buscábamos abrir en Poblenou. Queríamos vivir aquí porque es una zona que nos gusta mucho. Además, hablando con gente del sector, nos decían que era una zona en la que no había muchos restaurantes como el que queríamos abrir nosotros. No es como en el Eixample, que puedes encontrar más locales de comida tradicional

A: Sí, fue un poco las dos cosas. Aquí hay más espacios que encajaban con lo que queríamos: locales pequeños, que pudiéramos regentar entre dos personas. Y también la voluntad de encontrar un barrio donde esto se necesitara, donde se echen en falta restaurantes de cocina tradicional. Pero sin ser ilusos. Sabemos que hay un tipo de público que es extranjero, que te pedirá unos vinos naturales y un tipo de oferta un poco distinta.

M: Que no es nuestro público objetivo, pero si vienen, evidentemente, también los atenderemos. 

A: Sabemos que tenemos la playa cerca y que hay muchos turistas. Pero igualmente nuestra oferta se basa en una carta corta con platos tradicionales y un plato del día para oficinistas que trabajan por la zona. 

En este mismo local es donde estaba el restaurante Gegant. ¿Habéis tenido en cuenta la oferta que tenían al montar vuestro proyecto?

A: Sí, totalmente. Sobre todo el menú de mediodía, por ejemplo, que a ellos les funcionaba. Sí que es cierto que ellos tenían un poco más de oferta, pero la idea es hacer lo mismo. La gente entendía que aquí había un restaurante. Además, hablando con quienes nos ayudaron a abrir, nos decían que el concepto de Gegant era chulo y que era guay que nosotros cogiéramos un poco el relevo. 

Malena y Albert durante la entrevista en Cal Quiquet. / Foto: Carlos Baglietto

¿Os da miedo saber que Gegant cerró, y que ahora vosotros iniciáis un proyecto similar?

M: Sí, obviamente. Cada día tienes sustos y preocupaciones diferentes. Pero al mismo tiempo confiamos en que trabajamos desde el cariño y que hacemos las cosas bien. Trabajamos con buen producto y nos gusta lo que hacemos. Lo hacemos todo desde el cariño, y cuando haces las cosas desde el cariño, normalmente suelen salir bien. 

A: Y tenemos una cosa clara: que la comida que hacemos es buena. La gente nos lo dice de verdad, y nos pone contentos. Además hacemos recetas tradicionales, no estamos inventando la sopa de ajo. 

M: Sí, o aunque algun elemento del plato sea un poco distinto, la base de lo que cocinamos es con ingredientes y técnicas tradicionales

A: Ahora solo hace falta que la gente del barrio nos conozca, que sepa que aquí se come bien e ir haciendo poco a poco. Esto tiene un período de adaptación y tienes que abrir camino. Y a veces ser joven es una dificultad añadida. Con los proveedores nos ha pasado que alguna vez nos preguntan "¿si la merluza algún día la tenemos más cara nos la pagaréis, ¿verdad?". Y es como, sí, claro. Hay un punto de desconfianza a veces.

"Plato principal, postre, bebida y pan incluidos por 18 €. También tenemos una carta con siete platos y tres postres durante todo el día, más pensado para compartir"

¿De dónde sale el nombre del restaurante?

A: Una quiqueta es una gallina. En Margalef, la casa donde íbamos a montar el restaurante, se llamaba Cal Quiquet, porque antiguamente había sido un granero de gallinas donde se guardaban las quicas del pueblo. Cuando la casa se reformó, se mantuvo el nombre.

M: Como que teníamos previsto hacer el proyecto allí, queríamos ser coherentes y mantener el nombre original. Además se entendía como un lugar acogedor, como si fuera casa, donde comer bien. 

Fachada del restaurante Cal Quiquet. / Foto: Carlos Baglietto

¿Cómo definiríais la oferta de Cal Quiquet?

A: Yo diría que es cocina tradicional, pero con la idea de hacer buena cocina. A mí me gusta mucho lo que dice Francesc Fortí, de Can Binu: "ni cocina de mercado ni nada, de cocinas hay dos, la buena y la mala". Pues queremos hacer la buena. Intentamos hacer buena cocina basada en recetas catalanas puras y duras y hacerlo a precio justo. Sin pretensiones. Un fricandó es un fricandó. Lo haremos presentado de una manera o de otra, pero nunca lo venderemos como "es una terrina con toques de...". No. Es un fricandó. Por ejemplo, con el vino, el que tenemos a granel es vino natural. Pero no decimos que es natural. Simplemente es un vino que nos gusta. 

M: También es verdad que ahora intentaremos hacer una carta de vinos un poco más larga porque la gente nos lo pide. Pero la idea es seguir haciéndolo sencillo, básico y asequible. Plato principal, postre, bebida y pan incluidos por 18 €. También tenemos una carta con siete platos y tres postres durante todo el día, más pensado para compartir

A: En un restaurante te tienes que sentir como en casa. De hecho, nos estamos dando cuenta de que nos costará doblar mesas porque la gente se sienta y no se va.

M: El otro día se sentó una mesa de cuatro a las ocho, y no se fueron hasta las 12. Tú imagínate... Qué está muy bien, nos llena de orgullo que la gente se sienta tan cómoda y se quede tantas horas. Pero claro, si queremos doblar una mesa... es complicado. Por otro lado, yo soy de Madrid, tengo la familia allí, también tengo familia en el País Vasco, en Francia... y su familia [de Albert] vive aquí. Y queríamos tener un lugar de reunión de familiares y amigos que fuera como nuestra casa, pero sin ser nuestra casa. Además tenemos un talante muy hospitalario y nos gusta recibir y cuidar a la gente que viene.

"No te pueden dar el premio al mejor cocinero del mundo si después tratas mal a tus trabajadores"

¿Solo trabajáis vosotros dos?

A: Sí. Por la mañana estamos los dos cocinando y durante el servicio Malena va a sala y yo me quedo en la cocina. 

M: Sí, y lo que teníamos muy claro es que queríamos trabajar con una brasa. Porque la brasa hace hogar.

¿Quiénes son vuestros referentes en el sector gastronómico?

A: Yo lo tengo muy claro: Àlex Montiel, de La Cuchara de San Telmo, en San Sebastián.

M: Yo me quedo con Bagà, con Pedrito Sánchez y Manu Lachica. Para mí Bagà fue muy especial. La manera que tienen de entender la cocina me abrió los ojos. Es un lugar muy pequeño, se cuida mucho el plato y el producto.

Malena y Albert trabajando en la cocina de Cal Quiquet. / Foto: Carlos Baglietto

¿Qué pensáis de las guías gastronómicas como la Michelin?

M: A mí me encanta ir a restaurantes nuevos. Y si son Michelin, aprendes mucho. Igual que a la gente a la que le gusta la música va a conciertos de grandes músicos, nosotros vamos a restaurantes de grandes cocineros. Pero yo no me quiero meter en si hay gente mejor o peor; todo el mundo lo hace como quiere, como puede y como más le apetece. Me parece bien que haya guías de gastronomía, pero...

A: Yo las entiendo, es la parte más glamurosa del sector, pero se tiene que entender que los restaurantes gastronómicos están pensados para una parte de la población pequeña. La restauración es, precisamente, para restaurar. La cocina también tiene que ser popular, y lo ha sido históricamente. No puedes decir que las guías y restaurantes gastronómicos, que nos encantan y los disfrutamos, son cocina popular, porque no lo son. Están hechos para gente que se puede permitir gastarse este dinero habitualmente, o para gente que ahorra durante tiempo para hacer una celebración especial.

M: En mi opinión personal, una estrella Michelin se da en base a unos criterios que creo que no son del todo "correctos". Creo que hay mucho más de lo que se tiene en cuenta detrás de un restaurante. Para dar un premio a un restaurante, creo que tienes que hablar con los trabajadores, con el amo, tienes que ver el ambiente, el trato a los trabajadores... creo que es súper importante. No te pueden dar el premio al mejor cocinero del mundo si después tratas mal a tus trabajadores. 

A: Yo creo que tienes que ser sincero y coherente. Si quieres hacer un restaurante Michelin, tienes que asumir que tendrás gente con contrato de prácticas o que no cobra; o que tendrás una merma de producto enorme, porque es así. Por mucho que tengas una estrella verde de sostenibilidad o lo que quieras. Tienes que entender que tienes que pasar por el aro. Si lo aceptas y lo entiendes, ningún problema, es tu manera de entender la gastronomía. Lo que no me gusta es venderlo como algo que no es. 

M: Nosotros lo hemos visto, o compañeros nuestros, que han estado en restaurantes muy conocidos y después salen pensando, "ostras, no me esperaba encontrarme esto". Pero está claro que nos encantan estos restaurantes cuando nos los podemos permitir. Y hay de todo. Por ejemplo estuvimos en Aürt y nos encantó; hay gente que sí que te transmite cosas. 

"Creo que las guías gustarían más si fueran más amplias y centradas en la realidad de lo que pasa en los restaurantes"

¿Creéis que hay un cierto tabú a la hora de ser crítico con las guías?

A: La guía da mucho. No es lo mismo tener un solete, un sol, una estrella, que no tenerlo. Te abre las puertas, te viene más gente y significa que el negocio va mejor. Los restaurantes no dejan de ser negocios. La gente tiene que entrar y tiene que comprar. Entiendo que haya miedo o no se quiera criticar porque muchos restaurantes comen de esto. Es una parte importante de su marca. Ahora bien, creo que las guías gustarían más si fueran más amplias y centradas en la realidad de lo que pasa en los restaurantes. 

M: Porque quien saca adelante el restaurante no es el chef. Sí, es el que tiene el nombre y el reconocimiento, pero son los trabajadores los que sacan el restaurante adelante

¿Cómo os gustaría veros dentro de un año?

A: Me gustaría que la gente nos viera como un lugar de referencia donde ir a disfrutar del día a día; que piensen en Cal Quiquet como el lugar a donde ir a comer con las amigas que hace tiempo que no ven. Intentar ser un poco como el bar del pueblo, donde se concentra la vida social. Hacer que para el entorno del barrio seamos eso.