Después de varias semanas de tensión dialéctica entre Irán y Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha autorizado el ataque contra el país de los ayatolás y, de facto, la implicación norteamericana en una nueva guerra. En este caso, además, como él mismo ha reconocido, con muchas posibilidades de que haya víctimas de EE. UU. y bajas de militares. Aunque la administración Trump no ha revelado de manera pública si su objetivo final es derrocar el régimen iraní, es evidente que en el transfondo de las operaciones —que en las primeras doce horas ya ha causado más de 200 muertos, según la organización Media Luna Roja— hay algo más que desmantelar el arsenal nuclear del país que dirige con mano de hierro el líder máximo de la revolución, el ayatolá Ali Jamenei, de 86 años, quien según Netanyahu, habría muerto durante los ataques, aunque todavía no hay ninguna información oficial.
El conflicto bélico ha sobrepasado ya las fronteras de los países inicialmente implicados —Irán, Estados Unidos e Israel— y se ha extendido a Baréin, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. El Reino Unido, tradicional aliado norteamericano, ha confirmado que hay aviones británicos en Oriente Medio, aunque lo ha circunscrito a operaciones defensivas. Aunque no hay una información clara del Pentágono sobre la extensión de las acciones militares, algunas fuentes han reportado un mínimo de varios días. Un tiempo inicialmente suficiente para conocer primero la resiliencia iraní, después el estado actual de sus defensas y, en último lugar, la respuesta de la población iraní en la calle al régimen de los ayatolás. A esa población se dirigió específicamente Donald Trump al inicio de los ataques, pidiéndole que tome el control del país al término de los ataques.
El conflicto bélico ha sobrepasado ya las fronteras de los países inicialmente implicados —Irán, Estados Unidos e Israel— y se ha extendido a Baréin, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos
En medio de estas primeras horas de conflicto armado, Irán ha adoptado una decisión de gran calado como es el cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del petróleo mundial. Teherán produce más de tres millones de barriles de petróleo diarios, la mitad de los cuales acaba siendo comprada por empresas chinas, algo que lo hace beneficiario directo de cualquier aumento de precio. La última vez que se produjo fue en junio de 2025, cuando permaneció en una situación de bloqueos intermitentes durante doce días, cosa que supuso un cambio de paradigma ya que, pese a las amenazas, nunca se había cerrado en la época moderna. Ahora, el riesgo de un barril a 100 dólares pegaría un hachazo a la inflación global y, en el caso de Trump, causaría un serio problema ante las elecciones de medio mandato, en noviembre, puesto que su promesa de energía barata a los estadounidenses ha sido una gran baza electoral.
No es ese el único rompecabezas que tiene que resolver Trump. El pasado mes de junio ya atacó tres instalaciones nucleares iraníes, entre ellas la de Fordo, considerada la joya de la corona nuclear. Su objetivo, en aquel momento, parecía ser ablandar el régimen y obligarlos a negociar. No consiguió, aparentemente, ninguna de las dos cosas y, en cambio, empezó a notar detrás de él el aliento de una parte significativa de sus bases electorales, muy reacias a verse involucradas en un conflicto militar amplio y a que deje a la suerte el tiempo de duración y las bajas norteamericanas. De hecho, su eslogan, América primero, se asienta sobre la premisa de que él, a diferencia de los anteriores inquilinos de la Casa Blanca, y siguiendo lo que hizo en el primer mandato, no involucraría a los Estados Unidos en guerras en otros países.
El momento en que se produce el conflicto tiene un damnificado colateral, el Mobile World Congress, que se tiene que inaugurar este domingo en una cena oficial en Barcelona. Las primeras consecuencias son el cierre de numerosos aeropuertos de la zona, la prohibición de volar y las cancelaciones de vuelos. La presencia de estos países asiáticos es muy importante para el desarrollo del Mobile, que ya partía con tensiones por la posición municipal con las empresas de Israel. A la Fira, como organizadora del salón, le ha surgido un problema, por unos pocos días, de una gestión enormemente difícil, tanto diplomática como de seguridad.