Comprar una burrata en el supermercado parece fácil, pero no todas ofrecen la misma textura ni la misma cantidad de relleno. El truco que recomiendan algunos nutricionistas es mirar más allá de la marca, del precio o del aspecto exterior y revisar cuánta stracciatella contiene realmente. Esta mezcla de crema e hilos de mozzarella es el corazón de la burrata y la parte que le da la textura untuosa característica. En muchos productos comerciales, su porcentaje puede variar aproximadamente entre el 30% y el 60%, una diferencia enorme que se nota cuando la cortamos. Cuanto más generoso sea el relleno, más cremosa, jugosa e intensa será la experiencia. En cambio, una burrata con poca stracciatella puede parecer más bien una bola gruesa de mozzarella con una pequeña cantidad de crema en el centro.
Según el porcentaje tendremos una burrata más o menos cremosa
La stracciatella es lo que marca la diferencia
La burrata está formada por una capa exterior de pasta hilada, similar a la mozzarella, que envuelve un interior de stracciatella. Este relleno se prepara con tiras finas de queso mezcladas con nata, y es el responsable de que la burrata se abra y deje salir una crema espesa cuando la cortamos.
Por eso, lo primero que hay que buscar en la etiqueta es la proporción entre la cobertura y el relleno. Si el producto indica un porcentaje elevado de stracciatella, normalmente tendrá una textura más delicada y menos gomosa. Una burrata con cerca del 50% o 60% de relleno suele resultar más equilibrada que una con solo un 30%, siempre que la calidad de los ingredientes también sea buena.
No se debe confundir tamaño con calidad. Una burrata grande puede contener mucha más capa exterior y, proporcionalmente, poca crema. Por eso dos piezas con el mismo peso pueden ser muy diferentes cuando las abrimos. La etiqueta, cuando detalla la composición, ofrece más información que el aspecto del paquete.
Qué más hay que mirar antes de ponerla en el carro
La lista de ingredientes también es importante. Una burrata sencilla debería llevar leche, nata, sal, fermentos y cuajo, sin necesidad de una lista excesivamente larga. Cuantos menos espesantes, almidones o aditivos aparezcan, más probable es que la textura provenga realmente del queso y de la crema. También conviene comprobar el origen de la leche y la fecha de caducidad. La burrata es un producto fresco y pierde calidad rápidamente, de modo que una pieza con una fecha muy próxima puede tener una textura más ácida o menos cremosa. El líquido de conservación debe ser claro y la bolsa exterior no debe estar inflada.
En casa, es mejor sacarla de la nevera entre quince y veinte minutos antes de servirla. Demasiado fría, la crema interior queda más compacta y el sabor se percibe menos. Una vez abierta, solo necesita un chorro de aceite de oliva, sal y, si se quiere, tomate, melocotón, higos o pan tostado. El mejor truco, sin embargo, sigue siendo el más simple: girar el envase y buscar cuánta stracciatella lleva. Este dato permite distinguir una burrata realmente cremosa de una que solo lo parece por fuera. En el supermercado, una diferencia de treinta puntos en el relleno puede transformar completamente el resultado en el plato.
