Tres alimentos que si no lavas bien te pueden provocar la diarrea del viajero

Cuando viajamos, a menudo nos preocupamos por el agua del grifo, pero olvidamos que esta misma agua se puede haber utilizado para lavar verduras, preparar salsas o refrescar fruta cortada. La diarrea del viajero acostumbra a aparecer después de consumir alimentos o bebidas contaminados con bacterias, virus o parásitos. No existe un alimento peligroso exclusivo de cada continente, pero sí preparaciones habituales que exigen más precaución. En América hay que vigilar especialmente las ensaladas y las salsas frescas; en Asia, los brotes crudos; y en África, la fruta cortada que lleva horas expuesta.

¡A la hora de viajar hay que tener mucho cuidado con lo que comemos!

En América, ensaladas y cilantro crudo

En muchos países de América Latina es habitual encontrar lechugas, cebolla, tomate, cilantro y salsas frescas como acompañamiento. El problema no es el producto, sino que las hojas y las hierbas tienen pliegues donde pueden quedar restos de tierra o agua contaminada. Un aclarado rápido no siempre es suficiente, especialmente cuando no conocemos el origen del agua utilizada.

La clave es hacer la salsa desde cero / Foto: Unsplash
Salsa / Foto: Unsplash

Las salsas crudas también pueden incorporar tomate, cilantro, chile o cebolla lavados con agua no potable. Como después no se cocinan, cualquier contaminación llega directamente al plato. Durante el viaje, es más seguro elegir vegetales cocinados y servidos calientes. Si preparas la ensalada tú mismo, lávala con agua embotellada o tratada y manipúlala con las manos y los utensilios limpios.

En Asia, una de las precauciones más importantes afecta a los brotes de soja, de judía mungo o de otras semillas. Crecen en ambientes cálidos y húmedos, unas condiciones que también favorecen la multiplicación bacteriana. Lavarlos puede eliminar suciedad superficial, pero no garantiza que desaparezcan todos los microorganismos. Por eso, cuando no se conoce bien la higiene del establecimiento, conviene consumirlos completamente cocinados y evitarlos crudos como guarnición.

En África, cuidado con la sandía ya cortada

La sandía, el melón, la piña o el mango pueden parecer opciones seguras porque tienen una piel protectora. El riesgo aumenta cuando ya están pelados y cortados. El cuchillo puede arrastrar microorganismos del exterior hacia la pulpa, y la fruta puede haber sido lavada o rociada con agua no potable. Además, el calor acelera el deterioro si los trozos se mantienen durante horas fuera de refrigeración.

En mercados, bufets o puestos, es mejor evitar la fruta que ya aparece cortada, expuesta o servida sobre hielo de origen desconocido. La opción más segura es comprar una pieza entera, lavar el exterior con agua potable, pelarla personalmente y consumirla poco después. Los plátanos, las naranjas, las mandarinas o los mangos que podemos pelar nosotros mismos son habitualmente alternativas más prudentes.

Estas precauciones sirven en América, Asia, África y cualquier otro lugar donde la calidad del agua o la manipulación sean dudosas. Lavar bien no significa utilizar más agua, sino asegurarse de que sea potable. También hay que evitar contaminar el alimento con cuchillos, superficies o manos sucias. Ante la duda, los alimentos completamente cocinados, recién preparados y servidos bien calientes siguen siendo la mejor protección.