La receta de tomates al horno con queso que sabe a pizza sin llevar masa y la mitad de calorías

Si te gusta la pizza pero quieres una opción más ligera y rápida, esta receta de tomates al horno con queso es una alternativa muy fácil para resolver una cena. La idea consiste en sustituir la masa por rodajas gruesas de tomate y cubrirlas con ingredientes que recuerdan directamente una pizza: mozzarella, orégano, aceite de oliva y, si quieres, algún complemento más. El resultado conserva aquella combinación de tomate caliente y queso fundido que tanto recuerda una pizza, pero sin tener que preparar ninguna masa ni esperar levados. Además, la receta se puede adaptar con facilidad a lo que tengas por casa.

Se puede disfrutar de una cena con sabor a pizza sin pasarse de calorías

El tomate se convierte en la base

Empieza eligiendo tomates grandes, maduros pero firmes, porque tienen que resistir bien el horno sin deshacerse. Lávalos y córtalos en rodajas de aproximadamente un centímetro de grosor. Si las haces demasiado finas, perderán mucha agua y te pueden quedar blandas en exceso. Coloca las rodajas sobre una bandeja forrada con papel de horno y pon un poco de sal. Un truco útil es dejarlas reposar unos minutos y retirar después el agua que hayan soltado con un poco de papel de cocina. Así evitas que la base quede excesivamente húmeda y ayudas a que el queso se funda mejor.

pizza unsplash
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A continuación, pon mozzarella encima de cada rodaja. No hace falta cubrirlas con una capa muy gruesa: con una cantidad moderada ya conseguirás una textura cremosa y gratinada. Añade orégano, pimienta negra y un chorrito pequeño de aceite de oliva.

Si quieres darle más sabor, también puedes poner unas hojas de albahaca, champiñones laminados, aceitunas, un poco de jamón cocido o incluso unas láminas finas de cebolla. La idea es mantener una base sencilla y no cargarla demasiado.

Pocos minutos de horno y ya lo tienes

Calienta el horno a unos 200 °C y cocina los tomates durante aproximadamente 10 o 15 minutos. El tiempo dependerá del grosor de las rodajas y de la cantidad de queso. Estarán listos cuando la mozzarella se haya fundido completamente y empiece a dorarse ligeramente.

El resultado funciona porque reproduce algunos de los sabores más característicos de una pizza sin necesidad de masa. El tomate aporta jugo, la mozzarella cremosidad y el orégano aquel aroma tan reconocible.

Eso sí, afirmar que tiene exactamente "la mitad de calorías" dependerá siempre de la comparación. Una pizza puede variar mucho según la masa, el queso y los ingredientes que le pongamos. Esta versión acostumbra a ser más ligera porque elimina la base de harina, pero si se le añade mucho queso, aceite o embutido, la diferencia se reduce. Para mantenerla realmente ligera, utiliza una cantidad moderada de mozzarella y da protagonismo al tomate. Puedes acabarla con un poco de parmesano rallado o albahaca fresca. En pocos minutos tendrás un plato sencillo, jugoso y con ese sabor a pizza que a menudo apetece, pero sin tener que preparar ni una sola masa.