Ferran Adrià ha sido uno de los chefs más influyentes del mundo, el hombre que cambió para siempre la alta cocina con propuestas innovadoras y técnicas que marcaron una época en lo que es hoy la gastronomía. Sin embargo, cuando se aleja de los focos y de los menús de vanguardia, su gusto personal sorprende por lo contrario, ya que para el, lo mejor siempre es lo más simple. Nada de platos complejos ni ingredientes imposibles de encontrar. Cuando habla de su comida favorita, Adrià vuelve a lo básico, a lo que cualquier persona puede preparar en casa sin complicaciones.

En casa, nada de complejidades, lo mejor siempre es lo más básico llevado a la excelencia; es lo que define a Ferran Adrià

El plato más simple que define su forma de entender la cocina

Y es que el propio chef lo ha dicho en varias entrevistas, donde ha afirmado que un huevo frito bien hecho le parece una auténtica genialidad. No hay trampa ni cartón, solo técnica y producto. Además, en este caso, la clave siempre está en el punto de cocción. Ese huevo con puntilla crujiente, con los bordes dorados y la yema líquida en el interior, es para él un ejemplo perfecto de lo que debe ser la cocina.

Imagen de un huevo frito. Foto: Pexels

La realidad es que detrás de esa aparente sencillez hay mucho más que un plato simple. En casos como este, hablamos de control del fuego, elección del aceite, calidad del huevo y precisión en el tiempo. Todo influye y marca el resultado final. De este modo, Adrià lanza un mensaje muy claro, ya que dominar lo básico es mucho más importante que intentar hacer platos complicados sin control.

Tradición, producto y respeto por lo esencial

El huevo frito no es el único plato que el chef destaca. En esa misma línea de sencillez, también ha hablado de otras recetas tradicionales que forman parte de sus favoritas. Una de ellas es la tortilla de patatas jugosa con cebolla, especialmente al estilo de Betanzos. Un plato donde el interior queda prácticamente líquido y donde el equilibrio es clave. De nuevo, nos encontramos con una elaboración básica, tradicional y, aparentemente, sin mucho misterio.

También menciona productos como la centolla, un marisco que demuestra que la calidad del ingrediente puede elevar cualquier elaboración sin necesidad de técnicas complejas. Y es que aquí aparece otra idea fundamental en su discurso, ya que el producto siempre es lo primero. Sin un buen ingrediente, no hay cocina que funcione. La realidad es que este enfoque conecta directamente con la cocina tradicional, esa que se basa en el sabor, en el punto y en el respeto por lo que se tiene en el plato.

Así pues, Ferran Adrià rompe con muchos tópicos. El chef que llevó la gastronomía al futuro sigue encontrando placer en lo más básico. Porque, al final, un huevo frito perfecto puede ser tan memorable como cualquier creación de alta cocina si está bien hecho.