Hay postres que parecen de restaurante y que, en realidad, esconden una preparación mucho más sencilla de lo que parece. Y es que muchas personas continúan asociando los melocotones en almíbar a una lata del supermercado, cuando la realidad es que se pueden hacer en casa con mucho más sabor y una textura completamente diferente. Esta es precisamente una de las ideas que defiende Nandu Jubany, que transforma un postre clásico en una versión mucho más elegante y llena de matices. El resultado combina fruta, yogur, vino dulce y una textura fría que convierte una receta tradicional en un postre mucho más especial.
El chef Jubany lo tiene muy claro: "Estos melocotones no vienen en una lata"
El secreto es preparar el almíbar desde cero
La base de la receta comienza con los melocotones frescos cortados por la mitad. Nada de latas ni almíbares industriales. En una cazuela se pone agua con azúcar y se añade piel de limón y vainilla para que el líquido comience a coger aroma. De esta manera, cuando el almíbar está caliente, se incorporan los melocotones para que se cuezan lentamente durante unos 20 minutos aproximadamente. Y es que lo que se busca no es deshacer la fruta, sino que absorba los aromas y mantenga la textura.
Durante este proceso llega uno de los detalles que más diferencia marca, como un pequeño chorro de Tokaji, el vino dulce que aporta profundidad y un aroma muy característico. Mientras tanto, los melocotones se van girando para que la cocción sea uniforme y queden melosos por todas partes. Paralelamente, se preparan dos yogures griegos escurridos para que pierdan parte del suero y queden mucho más densos y cremosos.
La gelatina y la almendra transforman completamente el postre
Cuando los melocotones ya están preparados, llega la parte más sorprendente de la receta. En unos 200 mililitros de agua se deshace gelatina neutra y se añade un poco más de Tokaji junto con una parte del líquido aromatizado de la cocción de los melocotones.
La realidad es que esta mezcla es la que da identidad al plato. Una vez preparada, se vierte en un recipiente y se lleva al congelador para que coja consistencia y después se pueda romper en texturas frías y ligeras. También se prepara almendra caramelizada al horno para aportar contraste y textura crujiente. En el montaje final, los melocotones se colocan al lado del yogur griego, se añade la almendra y se corona con esta gelatina fría aromatizada con Tokaji.
El resultado es un plato muy diferente de lo que muchos imaginan cuando piensan en melocotones en almíbar. Así pues, Nandu Jubany demuestra que este postre no viene de una lata. Con fruta fresca, un buen almíbar aromático, yogur y un toque de vino dulce, se puede transformar una receta de toda la vida en un postre que parece de restaurante sin salir de casa.
