Cuando Xi Jinping aterrizó esta semana en Pyongyang para reunirse con Kim Jong-un, no solo ponía fin a siete años sin visitar Corea del Norte. También escenificaba una nueva etapa en la relación entre Pekín y su único aliado formal, en un contexto internacional marcado por la rivalidad entre China y Estados Unidos y por la creciente proximidad entre Corea del Norte y Rusia.
La visita, cargada de simbolismo y de gestos diplomáticos, llega en un momento especialmente favorable para la proyección internacional de China. En los últimos meses, Xi ha recibido en Pekín a dirigentes de primer nivel mundial y ha consolidado la imagen de un líder dispuesto a disputar a Estados Unidos la capacidad de influir en el orden global.
¿En busca de más cooperación?
Por eso, más allá de la retórica habitual sobre la amistad entre dos países que definen sus vínculos como una relación "forjada con sangre" durante la Guerra de Corea, el encuentro ha servido para concretar una agenda de cooperación más ambiciosa que en ocasiones anteriores.

Durante las conversaciones con Kim, Xi defendió la ampliación de la cooperación en ámbitos como el comercio, la agricultura, la construcción, la ciencia, la tecnología y la salud. También apostó por reforzar la coordinación estratégica e incrementar los intercambios diplomáticos, policiales y militares entre los dos países.
El detalle significativo de Xi Jinping
Varios observadores han destacado un detalle significativo. A diferencia de visitas anteriores, el líder chino no hizo referencia explícita a la desnuclearización de la península de Corea, una de las posiciones que Pekín había defendido tradicionalmente ante la comunidad internacional.
La ausencia de esta referencia alimenta las especulaciones sobre un posible cambio de prioridades de la diplomacia china. Desde la llegada de Kim Jong-un al poder, Corea del Norte ha acelerado el desarrollo de su arsenal nuclear a pesar de las sanciones de las Naciones Unidas, y el régimen incorporó oficialmente su estatus nuclear a la Constitución en el año 2023.

Para algunos analistas, este silencio refleja una realidad geopolítica diferente a la de hace siete años. Hoy, China mantiene una competencia estratégica abierta con Washington y observa cómo Corea del Norte ha profundizado sus relaciones con Moscú a raíz de la guerra de Ucrania.
El profesor Lim Eul-chul, de la Universidad Kyungnam de Corea del Sur, considera, resalta la CNN, que la voluntad de reforzar los contactos militares y diplomáticos es una muestra del interés chino por integrar más activamente Pionyang en el espacio económico y de seguridad que Pekín intenta construir en la región. Al mismo tiempo, también permite a China recordar a Estados Unidos que continúa manteniendo una influencia considerable sobre el régimen norcoreano.
Trump, de nuevo, por medio
La visita llega, además, en un momento en que Donald Trump ha expresado nuevamente su interés por retomar el diálogo con Kim Jong-un después del fracaso de las negociaciones mantenidas durante su primer mandato. Según varios expertos, sin embargo, ni Pionyang ni Pekín parecen especialmente interesados en hacer concesiones en el actual contexto.

Un ciudadano observa un diario chino que informa del encuentro entre Xi Jinping y Kim Jong-un en una pantalla en Pekín / EFE
"Kim ve más riesgos en una nueva diplomacia con Trump que en profundizar en una lógica de Guerra Fría 2.0, y Xi considera más arriesgado presionar a Corea del Norte que continuar facilitándole apoyo", apunta el profesor Leif-Eric Easley, de la Universidad Ewha de Seúl, y constata también la CNN.
El papel de Putin
Más allá de la relación con Washington, la visita también responde a la necesidad de Pekín de preservar su posición privilegiada ante el ascenso de Rusia como socio estratégico de Corea del Norte. Durante los últimos años, Kim y el presidente ruso, Vladímir Putin, han reforzado notablemente sus vínculos, hasta el punto de firmar un tratado de defensa mutua e intensificar la cooperación militar. Este acercamiento ha despertado preocupación entre los países occidentales, que observan con inquietud la consolidación de un eje cada vez más coordinado entre Moscú, Pionyang y Pekín.

La respuesta china no implica competir abiertamente con Rusia, sino recordar que continúa siendo el principal socio económico y diplomático de Corea del Norte. Las promesas de mayor cooperación comercial, científica y tecnológica apuntan precisamente en esta dirección. Sin embargo, los expertos advierten que el apoyo chino tiene límites. A pesar de la cordialidad mostrada durante la visita, Pekín continúa preocupado por la posibilidad de que una escalada militar o nuevas provocaciones norcoreanas acaben desestabilizando la región.
Como resume Easley, el encuentro representa un "abrazo estratégico" entre Xi y Kim, pero no un cheque en blanco. China quiere mantener a Corea del Norte dentro de su órbita de influencia, pero también espera que el régimen respete sus intereses y evite decisiones que puedan alterar un equilibrio regional cada vez más frágil.