En Lleida se conserva uno de esos dulces que forman parte de la historia gastronómica de Catalunya, pero que sigue siendo desconocido para muchos. La realidad es que las orelletes son un postre con siglos de historia que ha sabido mantenerse fiel a su esencia, transmitiéndose de generación en generación sin apenas cambios. Y es que este dulce, muy vinculado a zonas como Ulldemolins, no es solo una receta, sino una tradición que conecta directamente con la cocina medieval catalana. Su sencillez, tanto en ingredientes como en elaboración, es precisamente lo que ha permitido que perdure en el tiempo.

Es uno de los postres con más tradición de todo el país

Un dulce con raíces en la Edad Media

La realidad es que las orelletes ya aparecen documentadas en el Llibre de Sent Soví, un recetario del siglo XIV, considerado uno de los más antiguos de Europa. También se mencionan en textos posteriores como L’Espill de Jaume Roig, lo que confirma su presencia en la gastronomía catalana desde hace más de 600 años. De este modo, su nombre proviene de su forma, que recuerda a una oreja, algo que sigue siendo una de sus señas de identidad. Se trata de una masa muy fina, frita en aceite y recubierta de azúcar, que da como resultado un dulce ligero y crujiente.

Orelletes clásicas / Foto: Turisme Garrigues

De esta manera, aunque hoy pueda parecer una receta sencilla, en su origen requería tiempo y técnica, lo que la convertía en una elaboración especial dentro del recetario de la época. Además, su expansión por distintas zonas de Catalunya ha permitido que cada territorio mantenga pequeñas variaciones, aunque la base sigue siendo la misma.

Una receta fácil que mantiene la tradición

La realidad es que uno de los grandes atractivos de las orelletes es que se pueden preparar en casa sin dificultad. No requieren ingredientes complejos ni técnicas avanzadas. De este modo, la receta parte de una masa elaborada con harina, huevos, aceite de oliva, una pizca de sal, ralladura de limón, levadura y un toque de anís seco, que le aporta un aroma característico. A partir de ese punto, todos los ingredientes se mezclan hasta obtener una masa uniforme, que posteriormente se divide en pequeñas bolas.

Además, estas bolas deben reposar durante unos 30 minutos, un paso fundamental para que la masa adquiera la textura adecuada. Después, se estiran con un rodillo hasta dejarlas muy finas, y se terminan de trabajar con las manos, haciendo un pequeño agujero en el centro. Este detalle es clave, ya que facilita la fritura y permite que la masa se expanda correctamente en el aceite.

Finalmente, se fríen en aceite caliente, aproximadamente a 190 grados, hasta que quedan doradas y crujientes. Una vez listas, se espolvorean con azúcar o se pueden acompañar con miel. Así pues, las orelletes son un ejemplo claro de cómo la cocina tradicional catalana ha sabido conservar recetas a lo largo del tiempo. Un dulce humilde, fácil de preparar y con una historia que lo convierte en algo especial. Una auténtica joya de Lleida que sigue esperando a ser descubierta por muchos.