El responsable político de lo que haga el cuerpo de Mossos d’Esquadra es el president Illa y no la consellera Parlon. Es él quien nombró a Trapero director general de la policía desde un plató de televisión para tener el titular de un debate electoral. Lo hizo antes de ser president. Lo hizo antes de nombrar a Núria Parlon. Y lo hizo porque ya tenía el sí de Trapero. Este es el pecado original: la consellera está totalmente desempoderada por el president y el director lo juega a fondo. Existe un motivo para pedir la dimisión de Parlon, pero no es por la infiltración de los agentes en una reunión de maestros. Se puede pedir la dimisión de la consellera porque no rasca bola, no controla nada y no tiene la información necesaria para mandar.
El grave error de poner de director de la policía a un policía parece que ha provocado una situación en la que la consellera solo tiene acceso a lo que Trapero quiere. Y podemos imaginarnos que, cuando recibe la información, es en la versión que quiere Trapero. Así lo quiso el president. Este nombramiento se suma a los numerosos errores que acumula al frente de la Generalitat. Queda claro que era un mensaje al cuerpo y más allá: ahora manda quien declaró tener un plan para detener a Puigdemont. Pero es un error grave. La Dirección General de Policía necesita a un político. Una mirada política que vaya más allá de los intereses corporativos del cuerpo y que entienda la seguridad pública en un sentido amplio. No necesita una mirada policial. En cambio, el cuerpo de Mossos d’Esquadra debe ser dirigido por mandos policiales empoderados. Y así se desarrolla la gestión democrática de la seguridad. Nombrar a un policía director general rompe todos estos sencillos principios básicos. Primero, porque un policía en la Direcció General no aporta la visión general de la seguridad; policializa la política. Y, en segundo lugar, porque un policía en la Direcció General quita autoridad a la escala de mandos, con consecuencias graves. Ya que, a pesar de estar lejos del operativo, es una Direcció General que no permite la autonomía ni la toma de decisiones de los mandos. A raíz de ello, nadie se atreve a señalar que algunas cosas no se están haciendo bien por miedo a represalias.
El responsable político de lo que haga el cuerpo de Mossos d’Esquadra es el president Illa y no la consellera Parlon
La situación de la infiltración de dos agentes en una reunión de docentes —todos trabajadores públicos pagados por nosotros, todos trabajadores del mismo gobierno— es un claro ejemplo de los dos hechos que denuncia este artículo y que no se arregla pidiendo perdón. Cuando un conseller dice en las entrevistas o en sede parlamentaria que se ha enterado de una acción del cuerpo por la televisión, significa dos cosas: que no diriges y que no te informan. Alguien dirá que, técnicamente, no es necesario. De acuerdo, solo lo constato.
Cuando un director de la policía dice en sede parlamentaria que una infiltración "era una maniobra operativa poco acertada, innecesaria e ingenua" y acaba pidiendo disculpas, es porque actualmente las decisiones se toman a un nivel bajo. Hacer recaer la responsabilidad sobre los agentes es un acto de cobardía, ya que si son ellos quienes toman las decisiones es porque hay falta de directrices y de supervisión de la estructura del cuerpo, que se siente desempoderada por un director general de policía. Suerte para las agentes que era una asamblea de profesores —también alguien tendrá que hacer esta reflexión—. La infiltración ha sido un error grave. Y alguien debe asumir la responsabilidad. A nivel político es Illa, no es Parlon.