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Hay días en que llega la hora de cenar, abres la nevera y parece que no hay nada lo suficientemente interesante para preparar. Jordi Cruz tiene una solución pensada justamente para estos momentos: unos macarrones a la cazuela gratinados al horno, contundentes, fáciles de adaptar e ideales para aprovechar ingredientes básicos que a menudo tenemos entre la despensa, la nevera y el congelador. La receta parte de un buen sofrito, carne picada de ternera, tomate y pasta, y acaba con una capa de queso gratinado que convierte una cena improvisada en un plato completo y muy reconfortante.

El secreto es hacer una salsa con tiempo y fuego vivo

Todo empieza con la cebolla. Hay que picarla y sofreírla en la cazuela hasta que quede bien blanda y ligeramente dorada. Después se incorpora ajo picado y se deja que el conjunto se haga lentamente hasta que las dos cosas queden bien ahogadas, sin llegar a quemarse. A continuación llega la carne. Jordi Cruz utiliza una cantidad generosa de carne picada de ternera, aproximadamente un kilo y medio para preparar una cazuela grande. Aquí es importante aumentar el fuego. La carne tiene que perder toda el agua que suelta al principio y empezar a dorarse de verdad.

Con una espátula o cuchara se debe ir separando para que no queden grandes bloques. La idea es conseguir una carne bien desmenuzada y tostada, porque este dorado aporta mucho más sabor que limitarse a cocerla hasta que cambie de color.

Cuando ya está bien hecha, se le añaden orégano, pimienta y sal. Después entra aproximadamente un litro de pulpa de tomate de buena calidad. Se baja un poco el fuego y se deja que la salsa hierva suavemente.

Pasta, salsa y queso antes de ir directamente al horno

Cuando el tomate ya se ha integrado con la carne, se puede añadir un poco de caldo o de leche para ajustar la textura. No se trata de aguar la salsa, sino de darle suficiente humedad para que después envuelva bien los macarrones. En este momento también conviene probar y rectificar de sal. Mientras tanto, se cuece la pasta en otra olla. Es mejor retirarla cuando todavía esté ligeramente al dente, porque después continuará cocinándose en el horno. Una vez escurrida, se mezcla directamente con la salsa de carne y tomate.

El conjunto se traslada a una bandeja apta para el horno y se cubre con una buena capa de queso rallado. Solo queda gratinar hasta que la superficie esté dorada y aparezcan aquellas zonas crujientes que contrastan con el interior jugoso.

El resultado es una receta perfecta para días de mucha hambre y poca inspiración. No necesita una técnica complicada, se puede preparar en cantidad y también permite guardar raciones para el día siguiente. Con cebolla, ajo, carne, tomate, pasta y queso, Jordi Cruz convierte una cena de emergencia en unos macarrones de cazuela con aspecto de plato de fin de semana.