Rusia abre este viernes tres días de votaciones para elegir la nueva Duma Estatal, en unas elecciones en las que la gran incógnita no es quién gobernará el Parlament, sino qué grado de apoyo conseguirá exhibir el Kremlin en plena guerra contra Ucrania. Rusia Unida, el partido que sostiene el poder de Vladímir Putin, parte con una posición dominante y todo apunta a que conservará la mayoría. Lo que está en juego es, sobre todo, el relato que el régimen construirá a partir de los resultados.
Las elecciones del 18 al 20 de septiembre son las primeras parlamentarias que se celebran en Rusia desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Putin ha pedido a los rusos que participen en la votación y ha presentado los comicios como una muestra de unidad nacional y de apoyo a los soldados. Según Reuters, el presidente ha querido convertir las elecciones en un indicador del apoyo de la población a la guerra y a las políticas del Kremlin.
Elecciones con polémica servida
La competición, sin embargo, llega fuertemente condicionada. El único partido registrado que defiende abiertamente una posición contraria a la guerra, Yábloko, ha sido apartado de la competición nacional después de que el Tribunal Supremo rechazara su candidatura. Algunos de sus candidatos todavía pueden competir en circunscripciones concretas, pero su capacidad para alterar la composición de la Duma es limitada. Según Associated Press, las principales fuerzas que sí participan comparten las líneas fundamentales del Kremlin sobre la guerra y el liderazgo de Putin.
La campaña también ofrece una imagen poco habitual en unas elecciones que, sobre el papel, deberían servir para confrontar proyectos políticos. Los debates televisivos existen, pero la presencia de los candidatos es irregular y algunos representantes de Rusia Unida han decidido no participar. El resultado son escenas poco habituales: estudios preparados para el debate y candidatos que no aparecen. Más que una batalla para convencer al electorado, la campaña ha estado marcada por el control del espacio político y mediático.
El momento difícil de la Rusia de Putin
Este control no es nuevo. Durante los últimos años, las autoridades rusas han ido restringiendo la actividad de los movimientos opositores, han encarcelado, obligado a exiliarse —o asesinado— figuras críticas con el Kremlin y han ampliado las herramientas de control sobre los procesos electorales. El análisis del German Institute for International and Security Affairs describe los comicios de este año como otro intento del Kremlin de asegurar una victoria de Rusia Unida en un momento de mayor presión económica, militar y social.
La guerra, de hecho, es el telón de fondo que da sentido a estas elecciones. Los ataques de drones ucranianos han llegado a diversas zonas de Rusia y la preocupación por la posible movilización de más soldados continúa presente entre la población. Según Reuters, la ansiedad relacionada con la guerra ha aumentado en las semanas previas a los comicios, mientras el Kremlin observa con atención la participación y el comportamiento de los votantes.
La votación también se extiende a los territorios ucranianos ocupados por Rusia. Moscú ha incorporado el proceso electoral después de haber reclamado estas zonas como parte de la Federación Rusa, una anexión que Ucrania y la mayor parte de la comunidad internacional no reconocen. Según Associated Press, las elecciones rusas incluyen también estos territorios, una decisión que refuerza la voluntad del Kremlin de presentarlos como una parte integrada del Estado ruso.
¿Qué pasará después?
Y después del 20 de septiembre llegará la pregunta más difícil. Hace meses que circulan especulaciones sobre una nueva movilización para reforzar las tropas en Ucrania. Putin ha negado que el Kremlin esté preparando una, y no hay ningún anuncio oficial que permita afirmar que se producirá después de las elecciones. Pero el momento es significativo: una vez superada la cita electoral, desaparece al menos el riesgo inmediato de que una medida impopular afecte a la participación o al relato de normalidad que Moscú quiere proyectar.
Por eso, estas elecciones tienen menos que ver con la posibilidad de un cambio de poder que con la capacidad del Kremlin para demostrar que mantiene el control. El resultado de Rusia Unida será importante, pero también lo serán la participación, el voto contrario al sistema —si es que se produce— y las decisiones que Putin tome cuando las urnas ya estén cerradas. El 21 de septiembre comenzará un "nuevo" capítulo de la política de Putin.