Comprar tomates parece una de las decisiones más sencillas del supermercado o del mercado, pero la realidad es que mucha gente sigue cometiendo el mismo error a la hora de elegir solo los más rojos pensando que eso es garantía de sabor. Durante años se ha asociado el color intenso con calidad y maduración, pero cada vez más cocineros, agricultores y especialistas en productos frescos insisten en que este criterio, por sí solo, dice mucho menos de lo que parece. De hecho, es relativamente habitual encontrar tomates espectaculares visualmente que después resultan acuosos y con poco gusto. Y al revés, ya que algunos de los que menos llaman la atención acaban siendo los que tienen más sabor. El detalle que realmente acostumbra a marcar diferencias es otro y muchas personas ni siquiera piensan en ello cuando compran.
Elegir un buen tomate es más complicado de lo que parece
El olor y el tacto acostumbran a dar muchas más pistas
Uno de los primeros aspectos que acostumbran a mirar las personas que conocen bien el producto es el olor. Un tomate que ha madurado bien y conserva sabor acostumbra a tener aroma antes incluso de abrirlo. El punto más útil para comprobarlo es la zona superior, donde estaba el pedúnculo. Cuando se acerca la nariz, un buen tomate acostumbra a tener un olor vegetal, fresco y reconocible. Si prácticamente no desprende aroma, muchas veces es señal de que el sabor tampoco será especialmente intenso. Esto no siempre pasa, pero es una pista que a menudo funciona mejor que mirar solo el color.
El otro gran indicador es el tacto. Un buen tomate no debería ser completamente duro ni tampoco demasiado blando. Cuando se presiona ligeramente con los dedos debe ceder un poco, pero manteniendo firmeza. Si está demasiado rígido, probablemente todavía no ha desarrollado todo su sabor. Si se hunde con facilidad, es posible que ya esté demasiado avanzado. También hay un detalle menos conocido pero muy utilizado: el peso. Cuando dos tomates tienen un tamaño similar, muchas personas expertas acostumbran a quedarse con el que parece un poco más pesado. Normalmente esto indica más contenido interno y mejor textura.
El color sigue siendo importante, pero ya no es el rey
La realidad es que hoy muchos tomates se cosechan antes del punto óptimo para que aguanten mejor el transporte y acaben de madurar fuera de la planta. Esto hace que el color sea cada vez menos fiable como único criterio. Además, hay variedades que naturalmente no tienen un rojo uniforme ni una apariencia perfecta. Algunos mantienen zonas verdes, formas irregulares o tonalidades diferentes y, aun así, pueden tener mucho más sabor que otros ejemplares más espectaculares visualmente.
También ocurre con la piel. Un brillo excesivo o una apariencia demasiado uniforme no siempre son una buena noticia. A veces indican variedades seleccionadas sobre todo para que duren más tiempo y no necesariamente para que sean mejores.
Así pues, la próxima vez que compres tomates quizás valga la pena mirar un poco menos el color y dedicar unos segundos más a observarlos, notar su peso y comprobar si huelen. Porque muchas veces el mejor tomate no es el que parece más perfecto, sino el que todavía conserva señales de que realmente ha madurado como debe.
