El pastel de queso es uno de esos postres que casi siempre funcionan. Cremoso, suave y con ese punto dulce que lo hace irresistible, acostumbra a ser una apuesta segura tanto en restaurantes como en casa. Pero también tiene fama de ser una receta que exige horno, tiempo y un poco de paciencia. Esta versión cambia bastante las cosas, ya que, además de ser muy sano, también se prepara en menos de 15 minutos, se cuece en la freidora de aire y apuesta por ingredientes más ligeros como el queso batido desnatado, el yogur griego light, la ricotta y la estevia.
Pocas cosas son tan agradables como hacer un postre sano, con poco tiempo de preparación y con un gusto ideal para el verano
Una base más ligera sin perder cremosidad
La gracia de este pastel es que no intenta imitar una tarta de queso clásica cargada de azúcar, nata y con cientos de calorías de más, sino que busca una versión más equilibrada sin renunciar a la textura que tanto nos engancha cuando probamos el pastel. Para cuatro raciones bien generosas, la base lleva 200 gramos de ricotta, 300 gramos de queso batido desnatado, 125 gramos de yogur griego ligero y tres huevos medianos. A esta mezcla se le añade vainilla edulcorada y estevia líquida al gusto del consumidor, aunque de manera general se recomiendan cerca de unos 8 gramos aproximadamente. Si se quiere reforzar el punto proteico y dar una textura un poco más consistente, también se pueden incorporar 45 gramos de proteína en polvo con sabor a vainilla.
El proceso es muy sencillo. Primero se precalienta la freidora de aire a 205 grados durante unos cuatro minutos. Mientras tanto, se mezclan todos los ingredientes en un bol grande hasta obtener una crema homogénea, sin grumos y con una textura fina. La proteína en polvo es opcional, pero ayuda a dar cuerpo y hace que el pastel tenga un perfil más interesante para quien busca un postre saciante y menos cargado.
La freidora de aire hace la cocción más práctica
Una vez la crema está lista, se vierte en un molde fino y apto para freidora de aire. Este punto es importante: un molde demasiado grueso puede hacer que el calor no llegue bien al centro y que el pastel quede crudo por dentro.
Después se cuece a 160 grados durante unos 40 minutos. Aunque la preparación es rápida, la cocción necesita su tiempo para que la textura quede bien cuajada. Al final, se puede comprobar el punto con un palillo: debe salir casi limpio, pero el centro puede mantener un poco de humedad. Cuando está hecho, conviene dejarlo reposar a temperatura ambiente y después llevarlo a la nevera un mínimo de dos horas. Este reposo es lo que acaba de darle firmeza y cremosidad.
Así pues, este pastel de queso demuestra que la freidora de aire también puede servir para hacer postres muy dignos. No necesita horno tradicional, se prepara en pocos minutos y permite una versión más ligera, aromática y proteica de un clásico que nunca falla.
