Pocas cosas decepcionan más que abrir un cheesecake de supermercado esperando una textura cremosa y encontrarse con algo pesado, excesivamente dulce y sin matices. Es un clásico. Sin embargo, la realidad es que el mundo de la repostería va mucho más allá de ese estándar industrial, y en ciudades como Barcelona hay propuestas que cambian por completo la experiencia.
Porque sí, existe otra forma de entender el cheesecake para hacerlo diferente de esa tarta tan viral y que tan complicado es que nos llegue a sorprender como hace unos años.
El obrador japonés que está conquistando Barcelona
Y es que, en pleno corazón de Barcelona aparece Ayame, un pequeño obrador que está dando mucho que hablar entre los amantes del dulce. Detrás está Hide Oda, un pastelero con una trayectoria sólida tras pasar más de una década en la cocina de Koy Shunka, uno de los referentes de la gastronomía japonesa en la ciudad. Su propuesta no es la típica. Aquí el cheesecake se trabaja desde una filosofía japonesa muy clara a la hora de trabajar con precisión, equilibrio y respeto absoluto por el producto. Nada de sabores artificiales ni dulzores excesivos.
El resultado son elaboraciones mucho más ligeras, delicadas y con una identidad propia que las aleja completamente de lo que estamos acostumbrados. Y es ahí donde está la diferencia.
Tres versiones que cambian la idea de cheesecake
A partir de ahí, Ayame ofrece tres versiones que resumen perfectamente este enfoque. La primera es el cheesecake de algodón, extremadamente esponjoso y ligero, con una textura casi aérea que se deshace en la boca.
La segunda es el cheesecake vasco de matcha, una combinación que mezcla la intensidad del té verde japonés con la cremosidad más tostada del estilo vasco. Un equilibrio poco habitual, pero muy conseguido. Y la tercera opción es la de fresa, más difícil de encontrar y con un perfil más fresco, donde la fruta tiene un papel protagonista sin quedar oculta por el azúcar.
De este modo, cada pieza refleja una forma distinta de trabajar el mismo concepto. Así pues, lo que propone Hide Oda no es solo un postre, sino una reinterpretación completa del cheesecake. Menos dulce, más técnico y mucho más refinado. Porque cuando se cuidan los detalles, incluso algo tan conocido puede convertirse en una experiencia completamente nueva.