La coliflor no siempre genera entusiasmo, pero cuando pasa por las manos de el chef Karlos Arguiñano el resultado cambia por completo. En su vídeo de Instagram comienza mostrando una pieza firme y bien prieta, recordando que cuando la veamos así en el mercado la llevemos a casa porque “vais a triunfar seguro”. Su propuesta es preparar una coliflor cocida con salsa aurora, una receta clásica que combina sencillez y sabor con un acabado gratinado irresistible. Con ingredientes básicos como leche, harina, salsa de tomate y queso rallado, el chef consigue un plato ligero, nutritivo y muy fácil de hacer, ideal tanto para quienes empiezan a cocinar verduras como para quienes buscan una alternativa saludable que no renuncie al placer de una buena salsa.
Cómo preparar la coliflor gratinada con salsa aurora
El primer paso es retirar las hojas verdes y el tronco central, separando los ramilletes con paciencia hasta formar pequeños “arbolitos”. Arguiñano incluso comenta que esta hortaliza crece mejor con el frío y que el calor excesivo puede hacer que se abra y pierda su buena apariencia. Una vez limpia, se cuece en abundante agua con una pizca de sal durante unos quince minutos, hasta que quede tierna pero consistente, sin pasarse de cocción.

Mientras la coliflor hierve, se prepara la base de la receta: una bechamel ligera elaborada con aceite. En una cazuela se calientan dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, se añade una cucharada de harina y se cocina bien para eliminar el sabor crudo. Después se incorpora la leche poco a poco, removiendo sin parar hasta lograr una textura suave. Para convertirla en salsa aurora, se añade salsa de tomate y se mezcla hasta conseguir ese característico tono rosado. Se puede ajustar con una pizca de sal e incluso añadir nuez moscada si apetece.
Una capa dorada que transforma por completo esta verdura de invierno
Con la coliflor ya cocida y escurrida, se coloca en una fuente apta para horno, se cubre generosamente con la salsa aurora y se espolvorea mozzarella rallada por encima. El gratinado final, de apenas cuatro o cinco minutos, crea una superficie fundente y ligeramente crujiente que cambia totalmente la percepción del plato. Como señala el propio cocinero, tras el horno “ya no parece coliflor”, sino una elaboración mucho más atractiva y apetecible.
El resultado es una receta sencilla, económica y perfecta como primer plato o guarnición. Gracias a la combinación de verdura tierna y salsa cremosa, esta versión demuestra que una hortaliza humilde puede convertirse en protagonista absoluto de la mesa con una técnica básica y un toque final de horno. Ideal para quienes quieren comer más saludable sin renunciar al sabor.