En la comarca del Berguedà, en la provincia de Barcelona, hay un municipio que sorprende por su dimensión humana: Gisclareny, considerado el pueblo con menos habitantes de Cataluña. Según los datos más recientes, viven solo 28 personas censadas, una cifra muy baja si se compara con cualquier otro municipio catalán. Aun así, su término municipal es amplio, con 36 kilómetros cuadrados, lo que hace que el territorio sea extenso pero muy poco poblado.

Esto se nota desde el primer momento. Gisclareny no es un núcleo compacto con calles llenas de vida, sino un conjunto de masías esparcidas, carreteras de montaña y mucho paisaje abierto. Aquí no hay prisas ni ruido. Lo que define al pueblo es el silencio, la naturaleza y un ritmo de vida mucho más tranquilo que el de las ciudades.

Naturaleza y rutas con buenas vistas

Una de las grandes atracciones de Gisclareny es su ubicación privilegiada, justo al lado del Parc Natural del Cadí-Moixeró. Esto lo convierte en un punto ideal para los amantes del senderismo y de las escapadas a la montaña.

Una de las rutas más conocidas de la zona es la que lleva hasta el mirador del Cap del Ras o hasta el coll de la Bena, desde donde se tienen vistas muy abiertas del macizo del Cadí. También es muy recomendable la caminata hasta el santuario de Gresolet, ya dentro del ámbito del parque natural, un lugar rodeado de bosque con una panorámica espectacular sobre la cara norte del Pedraforca. Son rutas asequibles para gente acostumbrada a caminar, sin necesidad de hacer grandes desniveles, pero con recompensa asegurada en forma de paisaje.

Patrimonio sencillo, pero con encanto

A pesar de su tamaño reducido, el municipio conserva algunos puntos de interés. La iglesia del Roser, del siglo XVIII, es uno de los edificios más representativos. Es una construcción modesta, típica de la arquitectura de montaña, pero forma parte de la identidad del pueblo.

También destacan los restos de Murcurols, una edificación hoy en estado ruinoso que llama la atención por su ubicación y por su aire antiguo. No es un espacio museizado ni preparado para grandes visitas, pero sí un rincón curioso para quien disfruta descubriendo lugares con historia y buenas vistas.

¿Cómo es el día a día con 28 vecinos?

Vivir en Gisclareny es sinónimo de tranquilidad. Con tan pocos habitantes, todo el mundo se conoce y el trato es cercano. No hay tráfico, ni ruido constante, ni aglomeraciones. El contacto con la naturaleza es permanente y el paisaje forma parte del día a día.

Evidentemente, no hay todos los servicios que se pueden encontrar en una ciudad. Para ir a comprar, hacer trámites o acceder a determinados equipamientos, hay que desplazarse a municipios más grandes del Berguedà, como Bagà o Guardiola de Berguedà. Pero para muchas personas, este inconveniente queda compensado por la calidad de vida: aire limpio, calma y espacio.

Gisclareny no es un destino para quien busca grandes atracciones turísticas. Es un lugar para hacer una escapada tranquila, caminar un rato, disfrutar del paisaje y volver a casa con la sensación de haber desconectado. Pequeño en habitantes, pero con un entorno natural que lo hace especial dentro del Berguedà.