Compramos perejil, cilantro, albahaca o menta con las hojas verdes y firmes y, solo dos o tres días después, las encontramos marchitas, ennegrecidas o convertidas en una masa húmeda en el fondo de la nevera. A menudo no es porque fueran poco frescas, sino porque las hemos guardado como si fueran una lechuga: dentro de una bolsa, comprimidas en el cajón de las verduras y rodeadas de humedad. Las hierbas frescas son mucho más delicadas. Tienen tallos finos, hojas pequeñas y aromas volátiles, y necesitan una conservación adaptada a cada tipo. El primer cambio es sencillo: dejar de tratarlas todas igual.
¡Hay que tener mucho cuidado con las hierbas aromáticas en la nevera!
Perejil y cilantro funcionan casi como un ramo de flores
El cilantro y el perejil se conservan especialmente bien cuando mantenemos los tallos hidratados. Al llegar a casa, conviene revisar el manojo, retirar las hojas amarillas o estropeadas y cortar ligeramente la base de los tallos. Después se pueden poner de pie dentro de un vaso o bote con un poco de agua, como haríamos con unas flores. El recipiente va a la nevera y se puede cubrir de manera holgada para que las hojas no se deshidraten.
El agua no debe llegar hasta las hojas y conviene cambiarla cada dos días. Si quedan hojas sumergidas, pueden empezar a pudrirse y contaminar el resto del manojo. Este sistema evita dos problemas habituales: que los tallos queden secos y que las hojas queden pegadas a una bolsa llena de condensación.
Otra opción para conservarlas durante pocos días es envolverlas suavemente con papel de cocina y guardarlas dentro de una bolsa o recipiente sin presionarlas. El papel ayuda a controlar el exceso de humedad, que es precisamente uno de los principales enemigos de las hierbas frescas. Si se lavan antes de guardarlas, deben quedar muy bien secas. Dejar gotas entre las hojas acelera considerablemente el deterioro.
La albahaca es la excepción que no debes tratar igual
La albahaca necesita aún más atención porque es sensible a las temperaturas bajas. Guardarla durante días en el fondo de la nevera puede provocar que las hojas se oscurezcan, pierdan firmeza y desarrollen manchas. En muchas casas funciona mejor mantenerla a temperatura ambiente, con los tallos dentro de un vaso con agua y alejada del sol directo, como si fuera un pequeño ramo.
La menta es más tolerante al frío y puede conservarse en la nevera con papel ligeramente húmedo o con los tallos en agua. El romero y el tomillo, en cambio, tienen hojas más resistentes y aguantan mejor envueltos en papel de cocina dentro de un recipiente. No necesitan tanta humedad como el cilantro o el perejil.
La regla útil es, por lo tanto, no poner todo el manojo dentro del cajón tal como llega del supermercado. Hay que retirar gomas y envoltorios, eliminar las partes deterioradas y controlar sobre todo la humedad. Las hierbas tiernas con tallos finos agradecen agua y protección; las mediterráneas más duras prefieren un ambiente relativamente seco; y la albahaca necesita evitar un frío excesivo. Guardarlas bien no solo evita tirar comida: permite conservar durante más tiempo los aceites aromáticos que hacen que un simple plato cambie completamente cuando le añadimos unas hojas frescas al final.
