La cima del Tibidabo, a 512 metros de altura sobre el nivel del mar, es el punto más alto de la sierra de Collserola y del término municipal de Barcelona. Se trata de una cima coronada por una iglesia, el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, pero rodeado de un parque de atracciones, que es lo que realmente identifican los barceloneses cuando se les menciona la palabra Tibidabo, una palabra, por otro lado, que proviene de la locución latina tibi dabo, que significa te daré. Según la tradición, fueron los frailes del Monasterio de Sant Jeroni de la Vall d'Hebron los que bautizaron así el hasta entonces conocido como Puig de l'Àguila, escenificando en Barcelona el intento del demonio de tentar a Jesús: Haec omnia tibi dabo si cadens adoraebis me le habría dicho el maligno, que traducido al castellano, significa Te daré todo esto si te postras y me adoras.
Aunque no está del todo acreditado que el diablo intentara tentar a Jesús con Barcelona como recompensa, el hecho es que pronunciar la palabra Tibidabo es sinónimo de una tentación, la de disfrutar de un parque de atracciones que ahora está de aniversario. Efectivamente, el parque de atracciones del punto más alto de Barcelona fue inaugurado en el año 1901, de manera que este 2026 celebra el 125 aniversario, una fecha clave que tendrá su acto central este domingo, 4 de octubre, con una jornada festiva que incluirá una caminata desde los Jardinets de Gràcia hasta la estación inferior de la Cuca de Llum, para continuar con una fiesta abierta en la cima del Tibidabo.
El origen del Tibidabo se debe buscar a finales del siglo XIX, en el marco de la iniciativa impulsada por el doctor Salvador Andreu i Grau, que se marcó el objetivo de transformar la montaña que corona el plan de Barcelona. La avenida Tibidabo, el Tramvia Blau y la no del todo exitosa urbanización de la cima forman parte de esta voluntad de acercar la montaña a la ciudad, pero también de hacerla un espacio para el ocio burgués. En este contexto, el 29 de octubre de 1901 se celebra la inauguración oficial de las instalaciones recreativas de la cima y a la vez del funicular, que sube a la ciudadanía hasta este parque de atracciones.



Desde entonces, el parque ha evolucionado a lo largo de más de un siglo, incorporando nuevas atracciones, tecnologías y experiencias, pero manteniendo la esencia histórica que se refleja en maravillas como el Museo de los Autómatas, una colección de unas cuarenta piezas, entre autómatas y maquetas, de la que se dice que en 1954 Walt Disney intentó comprarla con un cheque en blanco, afortunadamente, sin éxito. Otra singularidad la conforman las atracciones históricas o emblemáticas como el aéreo o Embruixabruixes, la atalaya o el avión, que ya forman parte de la memoria colectiva de los barceloneses y marcan el factor diferencial de un parque de atracciones —además, desde el 2002 de titularidad municipal— con una personalidad muy ligada a la ciudad.
Rosa Ortiz, directora: "Las atracciones emblemáticas nos diferencian de cualquier otro parque"
Con ocasión de este ciento veinticinco aniversario, Rosa Ortiz, directora del Tibidabo, destaca que el parque, en relación con Barcelona, es "el espacio donde se generan más experiencias positivas y de diversión", y respecto a las atracciones emblemáticas destaca que "son las que nos diferencian de cualquier otro parque" y, además, reivindica que "forman parte de la historia y patrimonio de la ciudad". "El legado del Tibidabo es que ha formado parte de los recuerdos de todos nosotros: padres, hijos, abuelos, que hemos venido al parque y hemos disfrutado de estas experiencias que, además, se viven en un espacio tan bonito como es la cima, el punto más alto de la ciudad de Barcelona", añade Ortiz, directora desde el 2002, poco después de la municipalización del parque.
De hecho, el Tibidabo es un parque moderno, con atracciones recientes como Merlí, una caída libre de 50 metros inaugurada en 2024, o instalaciones nuevas como las letras panorámicas que forman la palabra Barcelona, pero con un encanto especial, los de las atracciones históricas y emblemáticas. Hay que tener en cuenta que el de Barcelona es el segundo parque de atracciones de Europa en funcionamiento más antiguo, solo por detrás del Tívoli de Copenhague, pero que en pleno siglo XXI sabe combinar las "atracciones más tecnológicas, más innovadoras, de vértigo o más adrenalínicas" con las clásicas como caballitos y autos de choque, y añadiéndoles "un grado más, que son las atracciones emblemáticas".



En este sentido, es destacable que una de las atracciones más entrañables sea el avión, especialmente por el hecho de que cuando se inauguró, en el año 1928, volar no estaba al alcance de todo el mundo, pero casi un siglo después, coger un avión ya no es un hecho excepcional. Aun así, todavía mantiene "un atractivo muy grande". "El avión está abierto cada día —señala Ortíz—, y cuando abrimos siempre es el primer lugar hacia donde va la gente". Y todo ello porque esta réplica exacta del primer aparato que en 1927 realizó el trayecto entre Barcelona y Madrid, que sobrevuela la ciudad y se mueve por su propia hélice ofrece "un cambio de ritmo que ofrece nuevas emociones".
Rosa Ortiz, directora del Tibidabo: "El avión está abierto cada día, y cuando abrimos siempre es el primer lugar hacia donde va la gente"
La historia del Tibidabo es una parte de la historia de Barcelona, si se quiere la más lúdica y recreativa, la más positiva, y este es un aspecto que también hay que reivindicar en el marco de una celebración que también quiere confirmar el compromiso del parque de "mantener el patrimonio" y a la vez continuar trabajando en el ámbito de la innovación y la sostenibilidad en un ambiente natural como es Collserola. "El Tibidabo nos hace ser muy especiales", remacha Ortíz a la hora de resumir este 125 aniversario: ¡Felicidades, Tibidabo, feliciades, Barcelona!