Hay mañanas en que encontrar tiempo para preparar un desayuno completo parece imposible, sobre todo si hay que salir de casa pronto. Una solución muy práctica es dejarlo hecho antes de ir a dormir y encontrarlo preparado solo abrir la nevera. Los overnight oats, que en español podemos describir como avena reposada durante la noche, funcionan precisamente así: copos de avena, leche o bebida vegetal, yogur y algunos complementos se mezclan en un bote y reposan unas horas hasta que adquieren una textura cremosa, sin necesidad de encender ni los fogones ni el microondas al día siguiente.
Un desayuno muy interesante a nivel nutritivo
La avena se transforma mientras duermes
El secreto es muy sencillo: dejar tiempo para que los copos de avena absorban el líquido. Para preparar una ración, se pueden poner cuatro o cinco cucharadas de avena en un bote y añadir aproximadamente la misma cantidad de leche o bebida vegetal. También se puede incorporar una cucharada generosa de yogur natural para conseguir una textura más cremosa.
Después solo hay que remover bien la mezcla, tapar el recipiente y guardarlo en la nevera durante toda la noche. Al cabo de unas horas, la avena se habrá ablandado y habrá adquirido una textura mucho más agradable. Si queda demasiado espesa, solo hay que añadir un poco más de leche por la mañana. Si queda demasiado líquida, se puede completar con un poco más de yogur.
Las semillas de chía también son una buena opción porque absorben parte del líquido y ayudan a dar cuerpo al desayuno. Con una cucharadita es suficiente. También se puede aromatizar la base con canela, vainilla, cacao puro o un poco de crema de cacahuete. Una de las grandes virtudes de esta receta es que admite muchas variaciones. Se puede hacer con frutos rojos, manzana, pera, plátano, mango o incluso con un poco de coco rallado. La base siempre es la misma, pero los sabores pueden ir cambiando.
Algunos ingredientes es mejor añadirlos por la mañana
Aunque casi todo se puede dejar preparado la noche anterior, hay complementos que es mejor reservar para el último momento. Los frutos secos, por ejemplo, pierden parte de su toque crujiente si pasan muchas horas en contacto con la mezcla húmeda. Por eso es mejor añadir nueces, almendras o avellanas justo antes de comer.
Lo mismo ocurre con algunas frutas. El plátano, la manzana o la pera pueden oscurecerse o cambiar de textura durante la noche. Si se busca un resultado más fresco, es preferible cortarlas por la mañana y ponerlas por encima. Este sistema también permite preparar varias raciones a la vez. Se pueden dejar dos o tres botes en la nevera y variar los complementos para que cada día sea diferente. Un bote puede llevar cacao y avellanas, otro yogur y frutos rojos, y otro canela, plátano y nueces.
La avena preparada la noche anterior es una de esas recetas que funcionan porque simplifican la rutina. No necesita técnicas complicadas, se puede adaptar fácilmente a los gustos de cada uno y deja resuelto el desayuno antes de ir a dormir. Por la mañana solo hay que abrir la nevera, añadir los ingredientes finales y empezar el día con un desayuno cremoso, práctico y preparado en menos de un minuto.
