Hay mañanas en que no sabemos qué desayunar, tardes en que necesitamos algo rápido o momentos después de entrenar en que buscamos una receta sencilla, saciante y que no exija ensuciar media cocina. Esta preparación con plátano y avena resuelve las tres situaciones en solo dos minutos. Solo hay que aplastar la fruta, mezclarla con unos cuantos copos de avena y cocinar la masa en la sartén hasta que quede dorada. El plátano aporta dulzura natural y una textura tierna, mientras que la avena da consistencia y hace que el resultado sea mucho más completo que una simple pieza de fruta. Se puede servir como una tortita gruesa, dividirla en porciones pequeñas o presentarla en forma de bocados. Además, admite tantas combinaciones que es difícil aburrirse: yogur, chocolate, fruta fresca, frutos secos, canela o un poco de crema de cacahuete.
Un desayuno muy sencillo y especialmente sano
Una masa rápida con solo dos ingredientes básicos
Para preparar una ración necesitamos un plátano maduro y dos o tres cucharadas de copos de avena. Cuanto más maduro sea el plátano, más dulce quedará la mezcla y menos necesidad tendremos de añadir miel o sirope. También hace falta una pequeña cantidad de mantequilla, aceite de coco o aceite de oliva para engrasar la sartén.
Empezamos pelando el plátano y aplastándolo en un bol con un tenedor hasta obtener un puré sin trozos grandes. Añadimos la avena y lo mezclamos bien. Con dos cucharadas, la textura será más tierna; con tres, quedará más compacta y fácil de girar. Si los copos son muy gruesos, podemos dejar reposar la masa un minuto para que absorban parte de la humedad.
Calentamos una sartén antiadherente a fuego medio y ponemos una cantidad mínima de grasa. Vertemos la masa y la extendemos ligeramente, sin dejarla demasiado fina. La cocinamos aproximadamente un minuto, hasta que la base esté dorada y los bordes empiecen a quedar firmes. Después la giramos con una espátula y la dejamos unos treinta o cuarenta segundos más. El fuego no debe ser demasiado alto, porque el plátano contiene azúcares que se caramelizan rápidamente y se podrían quemar antes de que la avena se haya cocinado. Si preferimos preparar piezas pequeñas, podemos repartir la masa en tres o cuatro porciones, que serán más fáciles de girar.
Acompañamientos que la convierten en un desayuno único
Una vez fuera de la sartén, podemos añadir un chorrito de miel o de sirope sin azúcar, aunque con un plátano muy maduro a menudo no será necesario. Una cucharada de yogur natural o griego aporta cremosidad y crea un contraste agradable con la base caliente.
También combinan muy bien unas cuantas gotas o virutas de chocolate negro, nueces, almendras, avellanas o crema de cacahuete. Para darle frescura, podemos servirla con fresas, arándanos, melocotón, manzana o unas rodajas de plátano. La canela, la vainilla, el cacao puro o una pizca de cardamomo permiten cambiar completamente el sabor. Como desayuno o merienda, la receta ya resulta práctica y saciante. Después de entrenar, se puede completar con yogur, queso fresco batido u otra fuente de proteína. La base, sin embargo, siempre es la misma: un plátano, avena y dos minutos. Una combinación tan fácil, adaptable y deliciosa que probablemente acabará convirtiéndose en una de las recetas habituales de casa.