Freír un huevo parece una de las cosas más fáciles de la cocina, pero también es una de las que más puede ensuciar los fogones. El aceite empieza a salpicar, la clara se puede pegar y, si la temperatura es demasiado alta, incluso se puede quemar antes de que la yema llegue al punto deseado. Uno de los errores más habituales es poner el huevo directamente en una sartén con aceite demasiado caliente y sin tener en cuenta la humedad. Hay, sin embargo, un truco muy sencillo que puede ayudar a reducir estas salpicaduras: calentar primero la sartén, añadir después el aceite e incorporar unos granos de sal antes de poner el huevo.
No hay que hacer grandes inventos a la hora de hacer huevos fritos sin sufrir por salpicaduras
Unos granos de sal pueden ayudar a controlar las salpicaduras
El proceso empieza calentando la sartén sin aceite. Cuando ya ha cogido temperatura, se añade una pequeña cantidad de aceite y se deja calentar durante unos segundos. Justo antes de poner el huevo, se pueden esparcir unos cuantos granos de sal directamente sobre el aceite. La idea es que la sal quede en la sartén, no encima del huevo. Este pequeño gesto puede ayudar a reducir las salpicaduras, sobre todo cuando se trabaja con poca cantidad de aceite. Además, permite que el huevo se empiece a salar desde la base sin tener que añadir mucho después. No hay que excederse: una pequeña cantidad es suficiente para que haga su función.

También conviene vigilar mucho la temperatura. Si el aceite está exageradamente caliente, cualquier rastro de agua presente en la clara puede provocar salpicaduras mucho más fuertes. Un fuego medio-alto acostumbra a ser suficiente para conseguir una clara bien cocida, unos bordes ligeramente dorados y una yema todavía cremosa.
Otro detalle importante es evitar que el huevo llegue a la sartén con agua en la cáscara o en el recipiente donde se ha roto. Agua y aceite caliente son una combinación especialmente conflictiva y explican muchas de las salpicaduras repentinas que acaban ensuciando toda la cocina.
Con más aceite, un poco de harina es otra opción
Cuando se quiere freír el huevo con una cantidad más generosa de aceite, hay otro recurso casero: añadir una pequeña cantidad de harina al aceite cuando ya está caliente. Basta con espolvorear un poco sobre la superficie antes de incorporar el huevo.
La harina puede ayudar a controlar parte de la humedad que provoca las salpicaduras, pero se tiene que utilizar con moderación. Si se añade demasiada o el fuego es excesivamente fuerte, se puede quemar rápidamente y acabar alterando el sabor del huevo.
También ayuda romper el huevo primero en un bol pequeño y dejarlo deslizar suavemente dentro de la sartén. Esto evita que caiga de golpe y desplace el aceite caliente. Además, permite comprobar que la cáscara no haya dejado ningún fragmento. Freír bien un huevo no necesita ninguna técnica complicada. Controlar la temperatura, evitar la humedad y utilizar un poco de sal o harina según la cantidad de aceite puede marcar la diferencia entre una cocción tranquila y una cocina llena de salpicaduras. Con estos pequeños ajustes, el resultado es más limpio, más seguro y también más fácil de controlar.