Preparar un pastel de queso cremoso no exige necesariamente utilizar azúcar, harina, mantequilla ni una base de galletas. Esta versión saludable se hace con solo cuatro ingredientes y aprovecha la textura del yogur, la dulzura natural del plátano y la consistencia de los huevos para conseguir un postre suave, húmedo y muy fácil de preparar. Los arándanos aportan frescura, acidez y pequeños estallidos de sabor que evitan que el conjunto resulte demasiado dulce. En menos de una hora de cocción se puede tener listo un pastel perfecto para el desayuno, la merienda o un postre ligero.
Un postre sano ideal para acabar una comida sin disparar las calorías
El plátano sustituye el azúcar y ayuda a dar textura
Para prepararlo se necesitan 400 gramos de yogur, preferiblemente griego porque es más denso y cremoso, cuatro huevos, 300 gramos de plátano maduro y 150 gramos de arándanos. También se puede utilizar un yogur vegetal, aunque conviene elegir uno de consistencia espesa para que el pastel no quede excesivamente líquido. El plátano debe estar bien maduro, con la piel manchada, para que así aporte más dulzura y se triture con facilidad.
El primer paso es poner el yogur, los huevos y el plátano dentro del vaso de la batidora. Se debe triturar todo hasta obtener una mezcla homogénea, sin trozos visibles de fruta. No es necesario batir durante demasiado tiempo, porque incorporar un exceso de aire puede hacer que el pastel suba mucho en el horno y luego se hunda de manera brusca. Basta con que la crema quede fina y bien integrada.
Los arándanos se incorporan después de triturar, mezclándolos con una espátula para que queden repartidos por toda la masa. Si se añaden a la batidora, se romperán y teñirán completamente el pastel. Se pueden utilizar frescos o congelados, pero en este último caso es mejor añadirlos directamente sin descongelar para que no suelten demasiado líquido antes de la cocción.
El reposo es imprescindible para que el pastel coja cuerpo
La mezcla se pasa a un molde pequeño protegido con papel de horno o ligeramente untado. En el horno convencional necesita unos 50 minutos a 180 grados. En la freidora de aire se puede cocer durante unos 40 minutos a 170 grados, siempre comprobando que el molde quepa correctamente y que la superficie no se tueste demasiado pronto. Si se dora antes de que el centro esté cuajado, se puede cubrir suavemente con papel de aluminio.
También existe una versión rápida en el microondas. En este caso, la mezcla se pone en un recipiente apto y se cocina unos diez minutos a potencia máxima. La textura será un poco menos tostada y más parecida a un flan, pero seguirá siendo cremosa. En cualquiera de los tres métodos, el centro puede temblar ligeramente cuando se acaba la cocción: se acabará de fijar mientras se enfría.
La realidad es que no conviene cortarlo caliente. Hay que dejarlo enfriar completamente y, si es posible, guardarlo unas horas en la nevera. Durante el reposo puede aparecer un poco de líquido en la superficie o en los márgenes, especialmente por el plátano y los arándanos. Solo hay que retirarlo con cuidado antes de servir. El resultado es un pastel sin azúcar añadido, fácil, proteico y con una textura sorprendentemente cremosa.
