Es realmente vergonzoso que, una vez más, la inversión real ejecutada por el Estado en Catalunya vuelva a bajar y se sitúe, con el 8,6%, como la más baja en los últimos diez años, es decir, desde 2016. Los datos dados a conocer este viernes correspondientes a 2025 tendrían que poner colorado a más de uno, y más de dos y más de tres tendrían que exigir explicaciones, aunque no haya nada que supere la exposición fría de las cifras. De esta década, los dos primeros serían del gobierno Mariano Rajoy, los siete últimos del ejecutivo presidido por Pedro Sánchez y uno, el 2018, se lo partieron casi a partes iguales después de la moción de censura. Si ese dato del 8,6% del total de la ejecución territorializada del Estado ya es de por sí vejatorio, sobre todo porque llueve sobre mojado, hay otro que lo acaba siendo aún más: Madrid concentra el 21% de la inversión estatal ejecutada. El 8,6% frente al 21%, y, si ponemos cifras en vez de porcentajes, estamos hablando de 1.321 millones de euros frente a 3.218, o sea un 243% más para el distrito federal de Madrid.
Vendrán ahora discursos, justificaciones, explicaciones y todo lo que ustedes quieran, pero las cifras no cambiarán. Habrá nuevas promesas y se dirá que Catalunya se financia de muchas maneras y que ese es solo uno de los datos. Pero incluso en eso también estarán haciendo trampa, ya que no podemos conocer cuánto le tocaría a Catalunya sin saber exactamente cuál es el déficit fiscal que el gobierno español tiene bajo cuatro llaves y solo está dispuesto a hacerlo público si el sistema de cálculo es el que él quiere. Los últimos datos oficiales manejados por la Generalitat son los correspondientes a 2022 y situaron el déficit fiscal en 21.092 millones de euros.
Si el dato del 8,6% del total de la ejecución territorializada del Estado en Catalunya ya es de por sí vejatorio, hay otro que lo acaba siendo aún más: Madrid concentra el 21% de la inversión estatal ejecutada
Siempre me ha sorprendido que ante una cuestión tan evidente y tan clara los partidos catalanes sean incapaces de hacer un frente común para defender la mejora de la calidad de vida de los catalanes. Y eso solo puede pasar por un sistema de financiación que, se llame como se llame, tenga los instrumentos financieros que tiene el concierto económico, empezando por la llave de la caja. Porque sin eso, se podrán poner parches, pero siempre, al final, hay una negociación imposible entre dos sujetos políticos claramente desiguales, ya que la decisión solo está en manos de uno. Y se suele olvidar lo fundamental: estamos hablando de mejores infraestructuras, mejores escuelas, mejores hospitales y ambulatorios, entre otras cosas.
¿Acaso hay algún partido político catalán que se presente a las elecciones con un programa en contra de algunas de estas cosas? Porque la secuencia del porcentaje de la inversión real ejecutada por el Estado en Catalunya en esta última década es clara: 10,5% (2016), 13,2% (2017), 10,5% (2018), 10,8% (2019), 12,7% (2020), 9% (2021), 10% (2022), 9,3% (2023), 10,8% (2024), hasta desembocar en este ridículo 8,6% de 2025. Y eso pese a que Catalunya sigue aportando alrededor del 19% del PIB y su población se mueve alrededor del 17% del total estatal. ¿Es ello asumible y aceptable como si fuera una maldición bíblica por la sociedad catalana?
Cuesta concluir, a la vista de estos datos, que no haya un interés deliberado en frenar la economía catalana, como denuncian muchos economistas. Y lo que es tan preocupante como lo anterior: no hay interés alguno en corregirlo. Porque la denuncia se repite año a año y allá, en el ministerio, es como si oyeran llover. Al año siguiente, más de lo mismo. Los siete últimos porcentajes de Madrid son una muestra de ello: 14,7% (2019), 16,3% (2020), 25,5% (2021), 23,1% (2022), 21,5% (2023) y 20,9% los dos últimos años. El más alto de la serie histórica de Catalunya en estos mismos siete años es del 13,2% y el más bajo de Madrid es de 14,7%. No hay manera humana de que la situación se acerque a ser aceptable. ¿Hasta cuándo?